domingo, 30 de diciembre de 2007

Caminatanocturna.alatransgresión

(Alex.sorryxlapublicación)

Desde la calle pe chino, como debe ser, por q ni a balas pago 50 lukas y sin chela. Estaba chevere le concert pero pa variar llegue tarde, tons me fui a explorar los lugares por donde podía entrar sin pagar entrada y había uno, pero la entrada daba a una cochera, así q me aguanté (era pa pagarle al tombo pero como no conozco boché por dentro, pense que iba a pagar 20 pa ver carros y de paso me iban a obligar a lavarlos, asi q dije no). Tons, luego del respectivo rastreo, me tuve q ir a la puerta de la chingana esa, luquie un toq, de ahí pa plaza vea a comprar una chela y cambiar plata listo pa regatear la entrada. Regresé con el ánimo cargado hasta el cielo, y como siempre regateabamos las entradas de 5 lucas, pa pagar 3, puta esta tenía que regatearla de hecho pe chino, y lo hice. Me acerque a regatear y el guachimán de trocha me dijo “no”, tamare, le dije q le iba a pagar 30 lekas! y no quizo, y el concierto había empezado antes de que llagase.

En la puerta habían 2 chibolas bonitas, bonito rabo, les hice el habla un toq, de ahí se acercaron un par de patas y me parecía que había visto a uno de ellos pero se arrancó, y un compare se quedo conversando ahí px, y al final me enteré que era el ultimo ex bajista de Dale Vuelta (no el gordo pelao sino el último compare). Puta estuve allí, llegaron sus respectivos quemados mas a la función, pero sorpresivamente la chingana se empezó a llenar en la calle, entes nocturnos vestidos con sus perfumes dulce cabana, usando camisas miguel vocio, y con zapatos armada suiza, cadenas, collares, permanentes, celulares y demás artilugios cojudos. Eran los q esperaban la función chachá.

Acabo el concierto, y salió mi tía que me había pasado la vox, y recién pa mi empezó la noche. Obviamente taba toda maleteada, ciega por haber perdido sus lentes nuevos en el concierto (bien cojuda mi primita), con su sonrisa de metal (es que usa fierros px), un golpe en el párpado (codazo de futbol) y feliz de haber stado en el concierto. Conversamos un toq, y le dije vamos? vamo pe, jajaja me contó lo que había pasado, nos acercamos a una licorería a una cuadra de la chingana boché, un for pak, listo, y salimos a caminar, tomando unas chelas por Arenales, le pedí su cartera pa evitar los chorizos de lugar, y buscamos Vampiros, seguimos bajando y regresamos a la Arequipa, esa wada del Vampiros nunca la encontramos pero me dijo q manyaba un lugarcito romanticón, y fuimos px, bajando por la Arequipa hasta la cuadra triki, dimos vuelta y ahí estaba, un castillo con guardianes alados, que cuidaban las puertas al paraíso de lo infinito… eran dos rottweiler vestidos de policías, y una ventanita con su foco de vela, a sol la barra? pregunte, naa chino, 13 lukas nomax, solo consumo para dos, y listo, Noctulus había llegado. Pero antes la llamada previa de ley, pa argumentar la ausencia prolongada en su casa, le dijo q taba conmigo a su ma, y mi abuela o tia? le dijo: q te haga bailar.

Entramos, lugar romanticón por asi decirlo (puta a mi me puso desde q la vi así q cualquier wada donde sentarse era romanticona), arto wave, pocos dark, pero buen ambiente, con pantalla pa videos. La jarra ya estaba servida en la mesa, un par de vasos de cristal con asas de marfil, y empezamos a tomar, conversando un toq, le dije pa bailar en la pista (que parecía de la calle por q taba mas vacía), la jalé! pero se fue al baño, jajaja.

El sitio me gustó, la gente bailaba sola, y el lugar trankilo. Conversábamos, con su cabello largo todo desordenado, le conté las anécdotas que siempre me acompañan, como Hapas en ese Año nuevo de ilusión (demasiada chela gratis) o la de ahora Barena Bus. Ella me contaba sus historias trankis. Otra chela mas, con la cual Noctulus nos expectoró. Salimos a la Arequipa, y como había tanto carro la abracé fuerte (pa q no la atropellen pe chino) y así estuvimos abrazados en el paradero (cruce Wilson, Arequipa y otras avenidas).

Pasó una la típica custer con culos, sobacos, narices, ojos, cabezas y patas (osea pies) apiñadas hasta en el último espacio del chofer que maneja agachao, y el taxi nos llevó. Le pregunté si tenía frío, y se acurrucó en mi. La abrace y le acariciaba su cabecita y orejas, me dieron ganas de darle un beso (sus 19 años y su forma de ser deben ser riquisimos), pero preferí abrazarla nomás. Después se levantó un toque pero fue para acomodarse y la abracé mas, nos agarramos las manos, y así estuvimos hasta que con un abrazo, un beso y una futura salida mas… la dejé en su jato (por Universitaria con Gamarra creo?).

Llegué a mi jato, le timbre y dormí.

Nunca antes había tenido una mejor noche con una chica, esos trotes de caminar, la noche, buena música, y la compañía (que quiere hacer exactamente lo mismo) brabaxo.

Ahora toy feliz!, espero verla de nuevo, hacerle el amor o solo decirle para conversar un toque, me gusta y me parece linda aunq un toq callada.

P.D.: Si tu prima que es tu tía pa ti esta buena, no la toques, la familia se respeta. Pero si aparte de eso te gusta como es, creo que la cosa cambia, asi que veremos q pasa.

viernes, 28 de diciembre de 2007

Miserable

Contesté, era Miriam una jovencita que conocí en mi trabajo como Coordinador Regional, sosteníamos una relación de aproximadamente tres meses, era una chica bastante tierna e inocente a pesar de tener 20 años, pero a veces sentía que invadía mi espacio, solía acurrucarse en mi pecho cuando caminábamos, en la combi o en cualquier otra parte. Nuestros compañeros en el trabajo, nos vacilaban constantemente cuando nos veían muy pegados, en el comedor e incluso en la oficina. Normalmente yo hubiese evitado esas situaciones, pero ella tenía una manera tan dócil y pueril de acercarse a mí, que se me hacía imposible rechazarla, prefería soportar la joda de la gente, a herirla de algún modo. Ella era así, cándida, transparente, una niña, y estaba llorando cuando contesté.

─No puedo creer lo que me hiciste… jamás pensé que me lastimarías de esta manera, eres muy malo conmigo, quien es Katherine ─preguntó, sollozando inconsolable.

Me quedé mudo, en unos segundos empezó a aclararse aquello que no comprendía en horas de la madrugada, yo conocía de sobra a Katherine, sabía que había algo extraño en todo lo que pasó, pensé que nunca debí dejarla sola en mi departamento.

─Contesta! ¿quién es Katherine? ─preguntó nuevamente, aun llorando, pero sin el menor atisbo de enojo, mas bien de tristeza y dolor.

No sabía que contestar, no podía contarle lo que había sucedido, tenía que sacarle más información, porque todavía no sabía que había pasado exactamente, aunque ya me imaginaba lo peor.

─De que hablas, cálmate por favor bebe.
─No me pidas que me calme, ¿porqué me haces esto?. No me vuelvas a llamar jamás, no quiero saber más de ti ─colgó.
─Tú sabes que es una niña muy frágil, está destrozada ─pensaba en voz alta, sin darme cuenta─. Ya sabía que algo andaba mal en la madrugada carajo, no me tragaba del todo el cuento que había salido a buscarme y que su hermana estaba enferma, ¿pero cómo, de dónde saco su número?.

Estaba ensimismado, tratando de pensar como salía de aquel embrollo, que decirle a Miriam para que me creyera a mí y no las barbaridades que seguramente le dijo Katherine. Unos segundos después sonó nuevamente mi celular, era Katherine, decidí hacerme el desentendido, para ver que soltaba.

─Hola Katherine, ¿cómo está tu hermana?.

De hecho, ella no esperaba eso, seguramente pensaba que le iba a gritar y reclamar por lo sucedido, pero como no reaccioné de ese modo, noté su sorpresa.

─No, nada, solo te llamaba para saber como estas.
─Que haces, sigues en el hospital, no me respondiste ¿cómo está tu hermana?.
─Ella está bien, bueno hablamos luego, adiós ─colgó, claramente nerviosa, seguramente no entendía que pasaba, porque estaba yo tan tranquilo.

Me fui rápidamente a mi departamento para buscar algunas evidencias que vislumbren lo sucedido, necesitaba aclarar, qué sabía exactamente Katherine y qué pudo haberle dicho a Miriam.

─Cuando ya llegaba, volvió a llamar Katherine.
─Si, dime que pasó ─respondí, nuevamente calmado.

Katherine no aguantó más, y empezó a gritar.
─Eres una mierda, así que Miriam no!. Cuando pensabas contarme que tenías una relación seria con ella.

Todavía no había soltado nada importante, así que seguí con el juego.
─De que hablas carajo, que te pasa.
─Acaso no te ha llamado tu bebita Miriam a quejarse, a llorar sus penas, a reclamarte.

No respondí y colgué, tenía que llegar rápidamente a mi depa, para saber que es lo que faltaba, que evidencias tenía Katherine. Mi celular sonó muchas veces, pero decidí no contestar.

Al fin llegué, busqué en primer lugar mi cámara digital, en ella tenía algunas fotos calentonas que le había tomado a Miriam días atrás, no estaba, primera evidencia a favor de Katherine, busqué una carta amorosa que Miriam me había escrito, en ella describía como se había desarrollado nuestra relación, como fue creciendo, las cosas de las que hablábamos, las cosas que hacíamos y decíamos en la cama, y un montón de detalles que compartíamos, incluso sus deseos románticos de casarse conmigo y de tener hijos, ideas que yo no compartía del todo, pero que no aclaraba para no herirla, yo sabía que se iría a Virginia City, en los Estados Unidos, dentro de unos meses, así que pensaba que era mejor no contradecirla, al final sabía que nuestro cariño y sobre todo el de ella se extinguiría con el tiempo; segunda evidencia. En el mismo escritorio donde guardé esa carta, pero en otro cajón, se encontraba la tarjeta de control de visitas a la ginecóloga de un hospital estatal de Lima, decidimos acudir a ella para evitar embarazos no deseados, no estaba seguro, pero me parecía que en esa tarjeta estaba el número de Miriam, era muy probable que fuera así, porque era la única manera en la que Katherine había podido comunicarse con ella. Tercera y última evidencia a favor de Katherine, suficiente material para lapidarme, para usarlo en su favor y dejarme muy mal parado con Miriam.

Había decidido terminar mi relación con Katherine, los primeros días de marzo de ese año, antes de conocer a Miriam. Sentía que me hostigaba demasiado. Reconocía que no era un santo, pero ella se excedía, llamaba constantemente a mi celular, a mi casa, a veces solo llamaba para saber si estaba en mi depa y luego colgaba, claro que nunca aceptaba esa actitud. Siempre me imputaba un comportamiento de infidelidad, ya estaba cansado de esos constantes atropellos. La última vez que discutimos sobre el tema y decidí ponerle punto final a esa situación, fue cuando estaba esperando que me asignen un aula para la capacitación de coordinadores regionales, en marzo, ella llamó y sin siquiera preguntar empezó a acusarme de serle infiel ─con cual de tus putas estás acostado en este momento─ preguntó gritado. Me indigné muchísimo, pero ni siquiera podía contestar para hacerle entender que no podía hablar, porque habían pedido apagar los celulares y como yo no lo había hecho todo mundo me miraba, debía colgar, pero ella por supuesto no me creyó e insistió con sus acusaciones. Terminé colgándole, y le mandé un mensaje de texto diciéndole que luego hablaríamos, pero que esa situación no podía seguir. Cuando nos encontramos en la noche, ella juraba que yo estado encamado con otra mujer y que por eso no podía hablar ─no me voy a tragar ese cuento que estabas en la capacitación─ me había dicho. Dejé que termine todo lo que tenía que decirme, estaba calmado, ya no quería “hacer más hígado”, porque además, estaba convencido de que esa sería la última vez que me reclamaría algo tan absurdo, la última vez que me acusaría de algo que no había hecho. Cuando, al parecer, había dejado de decir todos los improperios que se le ocurrieron, le dije:

─Ya terminaste.
─Si ya terminé, que diablos vas a inventar ahora.
─Nada Katherine, no pienso inventar nada ─respondí sereno─, solo quería aclararte que esta situación no puede continuar, tu no confías en mí. Estás enferma Katherine, y no pienso continuar cagándome los días, seguramente será mejor también para ti, ya no vas a tener que mortificarte imaginando donde y con quien estoy, cuando no estamos juntos.

─Encima me vas a terminar ─contraatacó, pero se le notó desencajada, evidentemente no esperaba algo así.
─Que esperas, que sigamos jodiéndonos la vida, es mejor para los dos que nos separemos definitivamente.

Katherine trató de cambiar de estrategia, de disculparse por sus celos enfermizos, que de ahí en adelante las cosas serían diferentes, pero no era una o dos veces que había escuchado el mismo discurso, lo había escuchado infinidad de veces, esa sería la última vez, no iba a retroceder en mi decisión de dejarla, y fue así.

Sin embargo, luego de haber iniciado una relación con Miriam, Katherine había aparecido nuevamente en mi vida, ya no éramos una pareja formal ni mucho menos, pero empezamos a vernos. Primero, salíamos a comer como amigos, a insistencia de ella. Yo accedí porque en el fondo quería saber como estaba, si estaba bien en el trabajo, sabía que vivía sola y que en parte había sido mi culpa que eso sucediera, por lo tanto sentía una gran responsabilidad sobre ella, y seguramente también la quería mucho. Al principio solo era eso, comer, ir al cine y esas cosas, pero en cada oportunidad que salíamos las cosas parecían más cercanas, hasta que volvimos a besarnos y terminamos en mi departamento haciendo el amor apasionadamente como en los viejos tiempos. Luego de ese encuentro, volvimos a vernos dos o tres veces más, claro que nunca se lo dije a Miriam, nunca pensaba confesárselo, creí que todo quedaría en el olvido, hasta que me estalló esa bomba en la cara.

Luego de pensar mucho, sentado en el sofá, tratando de crear una estrategia, decidí llamar a Miriam, marqué siete u ocho veces, pero no respondía, entendí que realmente no quería saber nada de mí. Pensé que era mejor dejar las cosas como estaban, aunque me mortificaba el hecho de saber que no me quedaba mucho tiempo en Lima, al día siguiente en la tarde debía viajar a Puerto Inca, y no quería irme sin antes intentar hacer las paces con Miriam, y porque no, también con Katherine.

─Me gustaría dormir todavía borracho, sin preocuparme por nada ─pensé, pero no podía pegar los ojos, estaba muy apenado por Miriam, pensaba que no se lo merecía, en todo caso si Katherine quería venganza se las hubiese cobrado conmigo y no con una niña que nada tenía que ver en todo esto. Me sentía miserable. Pensé que las cosas estaban bajo control, pero no reparé en la forma masoquista y enferma de pensar de Katherine─. Si no la hubiera dejado sola en mi depa, todo estaría mejor ─me atormentaba pensando en lo mismo.

Al rato cerca del medio día, Katherine volvió a llamar, me gritó todo lo que quiso, yo solo traté de aclararle que nosotros ya no teníamos una relación formal y que nada tenía que reclamarme, pero claro, contraatacó preguntándome irónicamente que si el tener relaciones eventualmente con ella no significaba nada ─quizá para una de tus putas, no signifique más que noches de placer, pero si yo me entregaba a ti, era porque tenía la esperanza que las cosas fueran como antes, no porque quería que me pongas al día─, me dijo, dejándome en claro sus ideales y su forma de pensar respecto a las relaciones sentimentales. La conocía bastante, e indudablemente, sabía que no quería que le baje la calentura nada más, sabía que lo que me reclamaba era cierto, pero ya no había nada que hacer, todo estaba consumado, igual no dejaba de mortificarme por no poder remediar la situación.

Cuando parecía que la larga noche y difícil mañana estaban mellando mi estado físico, y me quedaba dormido en el sofá, sonó nuevamente mi celular, pensé en no responder creyendo que era nuevamente Katherine, pero cuando miré la pantalla me di cuenta que no, contesté de inmediato.

─Aló bb, estuve llamándote pero no contestabas…

Pensé decirle que lo sentía, que nunca quise hacerle daño, pero me di cuenta que lloraba y me callé. Me desgarró aun más el corazón escullarla gemir, sin reclamar, solo llorar, realmente la quería y me sentía la peor basura.

─Le conté todo a mi papá, porque no podía más ─me dijo Miriam, al fin, después de un rato y continuó─, me dijo que me olvide de ti, que no vales la pena, pero no puedo, sigues en mi mente, sigo pensando que te amo, debe ser así, es la única explicación para entender porque me duele tanto, nunca había sentido algo parecido, ni siquiera cuando murió mi abuelo a quien adoraba, ¿porque lo hiciste? ─preguntó, pero al notar que no podía argumentar nada en mi defensa colgó. Supongo que esperaba que le dijera algo para aliviar su pena, pero estaba tan afectado y cansado que no reaccioné.

Luego de un rato, después de ordenar algunas ideas, le llamé, no contestó a la primera, pero insistí, no podía dejar que se quede solo con la versión de Katherine.

─Bb, por favor escúchame.
─Lo estoy haciendo, dime ─respondió, con la voz quebrada.
─No sé que rayos te dijo Katherine, pero no pasó nada anoche.
─No seas cínico, no creo que ella esté loca para inventar todo lo que me dijo, además sino de donde sacó mi número de celular, me dijo que tú mismo se lo habías dado.
─Esa es la primera prueba de que está mintiendo, tú sabes que yo jamás haría eso, con que objeto le daría tu número.
─No sé, pero entonces dime como es que lo tiene y además, sabe mi nombre completo y detalles de nuestra relación, seguro le contaste todo eso en la cama.
─Queee…
─Acaso vas a negar que te acostaste anoche con ella, me lo contó todo y si quieres que escuche empieza por decirme la verdad.
─Ok, ok, solo te digo que está mintiendo, pero no podemos hablar de esto por teléfono, por favor ven a mi depa, necesito contarte todo y te aseguro que no me acosté con ella.
─No sé, realmente necesito saber lo que pasó, quiero saber la verdad por cruda que sea, pero ¿qué le digo a mi papá?.
─No lo sé, de repente que te sientes mal y que quieres hablar con una amiga, eso seguro que funciona.
─Está bien, pero a la primera que sienta que me estas mintiendo me largo, ok.
─Ok bb, pero te juro que no me acosté anoche con ella.
Me esmeraba en hacer mis afirmaciones, solo por la noche pasada, porque de lo contrario estaría mintiendo y jurando en vano, aunque seguramente en mi afán de evitarle más dolor igualmente si me viera en la necesidad de asegurarle que nunca pasó nada, lo haría. Además ya faltaba poco para que se vaya a USA, y no merecía que ningún imbécil como yo, la hiciera sufrir de esa manera.

jueves, 6 de diciembre de 2007

Gonzalo.4primerospasos

Uno. La noche era fría, obvio, era la peor temporada del invierno. Sus padres, con la angustia y nerviosismo, propios de ese momento, tomaban la movilidad con dirección al hospital estatal más cercano. Las lunas del auto, estaban totalmente empañadas por la neblina, la llave no cabía en la ranura, el coche no arrancaba. Las contracciones se hacían más constantes, el dolor privaba a su madre. Por fin, el auto corría, ella gritaba y un temblor hacía parecer que algo andaba mal con las llantas, se detuvo, se dio con la sorpresa que todos los vehículos detrás del suyo también se detenían, era algo serio, la angustia crecía, ella gritaba que Gonzalo ya venía, él maldecía. En los próximos segundos, todo empeoró, el tráfico en general se hacía un caos, los dolores pre-alumbramiento hacían gritar a mamá, el desorden en las avenidas de la ciudad y un padre aturdido completaban el cuadro. No era la primera vez, es más, habían pasado por la misma experiencia ya dos veces; sin embargo parecían completos novatos. Al fin todo acabó, marcharon con más calma al Hospital, al primer palmazo en el trasero, Gonzalo empezó su estancia en este miserable planeta, fuera de ese vientre que lo había cobijado durante nueve meses.

Dos. Apenas cumplió dos años, su infancia dio un giro, el que millones de niños deben soportar por la inmadurez e irresponsabilidad de sus padres, habían decidido separarse. Este pequeñín, como solía llamarlo su padre, aún no comprendía lo que eso significaba, no obstante, marco su vida para siempre. Su madre tenía que trabajar como muchos docentes mal pagados en este país, más en la década de los ochentas, sus hermanos mayores ya iban a los primeros años de escuela. Gonzalito, debía quedarse en casa en una habitación a solas, porque seguramente no había dinero para pagar una niñera, o simplemente porque pensaron que daba lo mismo. Tenía que quedarse husmeando algunos libros con pocas figuras, que su madre dejaba para que se entretenga, además de algunos escasos juguetes ajados. Las horas pasaban y el pequeñín no entendía porqué debía ser así, se angustiaba, lloraba, se privaba después de tanto gemir. Luego de algunas horas despertaba y aun no llegaban sus hermanos ni madre. Así transcurrieron muchos meses, el dolor en su corazón se hacía imperante, tatuaría esa imagen en su cerebro, aquel niño nunca lo olvidaría y quizá jamás lo perdonaría. Cuando ya podía hablar, luego de despertar de aquel sueño, se asomaba a la ventana y preguntaba a la gente que transitaba, si habían visto a su madre, a lo q todos respondían ─NO, quien es tu mami, ¿estás bien?─, algunos hasta se atrevían a querer jugar con él, para hacerle compañía.

Tres. Años más tarde, cuando faltaban solo algunos meses para empezar la escuela, su padre que solía visitarlos a razón de dos veces por año, decidió llegar muy ebrio a su casa. Gonzalo, no lo conocía muy bien, pero en el fondo de su corazón albergaba un gran cariño por ese hombre que le parecía grande, fuerte y muy amable, que llegaba con regalos cada vez que los visitaba, pero esa vez, había algo extraño en este hombre que le causaba rechazo, el pequeñín no terminaba de darse cuenta, pero el alcohol hacía que su padre se comporte más efusivamente, lo abrazaba fuerte, al igual que a sus otros dos hermanos mayores y siempre repetía ─!Yo tengo tres hijos: Viviana, Matías y Gonzalo, el pequeñín, no más, ¿cierto Mercedes?─, preguntaba a su ex esposa, quien solo respondía afirmativamente moviendo la cabeza. La inseguridad de aquel hombre, del cariño de sus hijos, hacía que les pida repetir su nombre, varias veces, a cada uno de ellos. La noche llegó, cómplice del final, de aquel raro episodio, Gonzalo se durmió, sus hermanos condujeron a su padre a su antigua habitación y su madre durmió con los niños, quizá porque albergaba algún temor.

Cuatro. El pequeñín, acababa de cumplir los 15 y aun no terminaba el colegio. A esa edad creemos que podemos adueñarnos del mundo y sobrevivir solos, así también lo pensó él, sobretodo porque tenía el hogar partido por la mitad. Con una madre que se esmeraba en dar lo mejor de si, y que a pesar de ello, no bastaba, y un padre que se marchaba al primer vestigio de problemas en la casa diciendo: ─ya verás como arreglas los problemas DE TUS HIJOS, yo me voy─. El padre de Gonzalo, a pesar de su separación física, mas no legal, de su madre, empezó a frecuentarlos más; aproximadamente desde que cumplió 9 años lo veía casi todos los días, revisaba sus tareas, lo sermoneaba cuantas veces podía, siempre en nombre del deber y la responsabilidad, pero también en ocasiones, le daba algunas propinas exorbitantes y generalmente en fechas importantes, situación que la madre de Gonzalo no veía con buenos ojos. Aparentemente todo estaba encaminado, enrumbado, pero, era previsible que el dolor y resentimiento hacia sus padres iba creciendo. Decidió marcharse, vivir bajo un puente, como en la canción de Nirvana, y el final de Gonzalo es justamente el que narra esa canción.