viernes, 28 de diciembre de 2007

Miserable

Contesté, era Miriam una jovencita que conocí en mi trabajo como Coordinador Regional, sosteníamos una relación de aproximadamente tres meses, era una chica bastante tierna e inocente a pesar de tener 20 años, pero a veces sentía que invadía mi espacio, solía acurrucarse en mi pecho cuando caminábamos, en la combi o en cualquier otra parte. Nuestros compañeros en el trabajo, nos vacilaban constantemente cuando nos veían muy pegados, en el comedor e incluso en la oficina. Normalmente yo hubiese evitado esas situaciones, pero ella tenía una manera tan dócil y pueril de acercarse a mí, que se me hacía imposible rechazarla, prefería soportar la joda de la gente, a herirla de algún modo. Ella era así, cándida, transparente, una niña, y estaba llorando cuando contesté.

─No puedo creer lo que me hiciste… jamás pensé que me lastimarías de esta manera, eres muy malo conmigo, quien es Katherine ─preguntó, sollozando inconsolable.

Me quedé mudo, en unos segundos empezó a aclararse aquello que no comprendía en horas de la madrugada, yo conocía de sobra a Katherine, sabía que había algo extraño en todo lo que pasó, pensé que nunca debí dejarla sola en mi departamento.

─Contesta! ¿quién es Katherine? ─preguntó nuevamente, aun llorando, pero sin el menor atisbo de enojo, mas bien de tristeza y dolor.

No sabía que contestar, no podía contarle lo que había sucedido, tenía que sacarle más información, porque todavía no sabía que había pasado exactamente, aunque ya me imaginaba lo peor.

─De que hablas, cálmate por favor bebe.
─No me pidas que me calme, ¿porqué me haces esto?. No me vuelvas a llamar jamás, no quiero saber más de ti ─colgó.
─Tú sabes que es una niña muy frágil, está destrozada ─pensaba en voz alta, sin darme cuenta─. Ya sabía que algo andaba mal en la madrugada carajo, no me tragaba del todo el cuento que había salido a buscarme y que su hermana estaba enferma, ¿pero cómo, de dónde saco su número?.

Estaba ensimismado, tratando de pensar como salía de aquel embrollo, que decirle a Miriam para que me creyera a mí y no las barbaridades que seguramente le dijo Katherine. Unos segundos después sonó nuevamente mi celular, era Katherine, decidí hacerme el desentendido, para ver que soltaba.

─Hola Katherine, ¿cómo está tu hermana?.

De hecho, ella no esperaba eso, seguramente pensaba que le iba a gritar y reclamar por lo sucedido, pero como no reaccioné de ese modo, noté su sorpresa.

─No, nada, solo te llamaba para saber como estas.
─Que haces, sigues en el hospital, no me respondiste ¿cómo está tu hermana?.
─Ella está bien, bueno hablamos luego, adiós ─colgó, claramente nerviosa, seguramente no entendía que pasaba, porque estaba yo tan tranquilo.

Me fui rápidamente a mi departamento para buscar algunas evidencias que vislumbren lo sucedido, necesitaba aclarar, qué sabía exactamente Katherine y qué pudo haberle dicho a Miriam.

─Cuando ya llegaba, volvió a llamar Katherine.
─Si, dime que pasó ─respondí, nuevamente calmado.

Katherine no aguantó más, y empezó a gritar.
─Eres una mierda, así que Miriam no!. Cuando pensabas contarme que tenías una relación seria con ella.

Todavía no había soltado nada importante, así que seguí con el juego.
─De que hablas carajo, que te pasa.
─Acaso no te ha llamado tu bebita Miriam a quejarse, a llorar sus penas, a reclamarte.

No respondí y colgué, tenía que llegar rápidamente a mi depa, para saber que es lo que faltaba, que evidencias tenía Katherine. Mi celular sonó muchas veces, pero decidí no contestar.

Al fin llegué, busqué en primer lugar mi cámara digital, en ella tenía algunas fotos calentonas que le había tomado a Miriam días atrás, no estaba, primera evidencia a favor de Katherine, busqué una carta amorosa que Miriam me había escrito, en ella describía como se había desarrollado nuestra relación, como fue creciendo, las cosas de las que hablábamos, las cosas que hacíamos y decíamos en la cama, y un montón de detalles que compartíamos, incluso sus deseos románticos de casarse conmigo y de tener hijos, ideas que yo no compartía del todo, pero que no aclaraba para no herirla, yo sabía que se iría a Virginia City, en los Estados Unidos, dentro de unos meses, así que pensaba que era mejor no contradecirla, al final sabía que nuestro cariño y sobre todo el de ella se extinguiría con el tiempo; segunda evidencia. En el mismo escritorio donde guardé esa carta, pero en otro cajón, se encontraba la tarjeta de control de visitas a la ginecóloga de un hospital estatal de Lima, decidimos acudir a ella para evitar embarazos no deseados, no estaba seguro, pero me parecía que en esa tarjeta estaba el número de Miriam, era muy probable que fuera así, porque era la única manera en la que Katherine había podido comunicarse con ella. Tercera y última evidencia a favor de Katherine, suficiente material para lapidarme, para usarlo en su favor y dejarme muy mal parado con Miriam.

Había decidido terminar mi relación con Katherine, los primeros días de marzo de ese año, antes de conocer a Miriam. Sentía que me hostigaba demasiado. Reconocía que no era un santo, pero ella se excedía, llamaba constantemente a mi celular, a mi casa, a veces solo llamaba para saber si estaba en mi depa y luego colgaba, claro que nunca aceptaba esa actitud. Siempre me imputaba un comportamiento de infidelidad, ya estaba cansado de esos constantes atropellos. La última vez que discutimos sobre el tema y decidí ponerle punto final a esa situación, fue cuando estaba esperando que me asignen un aula para la capacitación de coordinadores regionales, en marzo, ella llamó y sin siquiera preguntar empezó a acusarme de serle infiel ─con cual de tus putas estás acostado en este momento─ preguntó gritado. Me indigné muchísimo, pero ni siquiera podía contestar para hacerle entender que no podía hablar, porque habían pedido apagar los celulares y como yo no lo había hecho todo mundo me miraba, debía colgar, pero ella por supuesto no me creyó e insistió con sus acusaciones. Terminé colgándole, y le mandé un mensaje de texto diciéndole que luego hablaríamos, pero que esa situación no podía seguir. Cuando nos encontramos en la noche, ella juraba que yo estado encamado con otra mujer y que por eso no podía hablar ─no me voy a tragar ese cuento que estabas en la capacitación─ me había dicho. Dejé que termine todo lo que tenía que decirme, estaba calmado, ya no quería “hacer más hígado”, porque además, estaba convencido de que esa sería la última vez que me reclamaría algo tan absurdo, la última vez que me acusaría de algo que no había hecho. Cuando, al parecer, había dejado de decir todos los improperios que se le ocurrieron, le dije:

─Ya terminaste.
─Si ya terminé, que diablos vas a inventar ahora.
─Nada Katherine, no pienso inventar nada ─respondí sereno─, solo quería aclararte que esta situación no puede continuar, tu no confías en mí. Estás enferma Katherine, y no pienso continuar cagándome los días, seguramente será mejor también para ti, ya no vas a tener que mortificarte imaginando donde y con quien estoy, cuando no estamos juntos.

─Encima me vas a terminar ─contraatacó, pero se le notó desencajada, evidentemente no esperaba algo así.
─Que esperas, que sigamos jodiéndonos la vida, es mejor para los dos que nos separemos definitivamente.

Katherine trató de cambiar de estrategia, de disculparse por sus celos enfermizos, que de ahí en adelante las cosas serían diferentes, pero no era una o dos veces que había escuchado el mismo discurso, lo había escuchado infinidad de veces, esa sería la última vez, no iba a retroceder en mi decisión de dejarla, y fue así.

Sin embargo, luego de haber iniciado una relación con Miriam, Katherine había aparecido nuevamente en mi vida, ya no éramos una pareja formal ni mucho menos, pero empezamos a vernos. Primero, salíamos a comer como amigos, a insistencia de ella. Yo accedí porque en el fondo quería saber como estaba, si estaba bien en el trabajo, sabía que vivía sola y que en parte había sido mi culpa que eso sucediera, por lo tanto sentía una gran responsabilidad sobre ella, y seguramente también la quería mucho. Al principio solo era eso, comer, ir al cine y esas cosas, pero en cada oportunidad que salíamos las cosas parecían más cercanas, hasta que volvimos a besarnos y terminamos en mi departamento haciendo el amor apasionadamente como en los viejos tiempos. Luego de ese encuentro, volvimos a vernos dos o tres veces más, claro que nunca se lo dije a Miriam, nunca pensaba confesárselo, creí que todo quedaría en el olvido, hasta que me estalló esa bomba en la cara.

Luego de pensar mucho, sentado en el sofá, tratando de crear una estrategia, decidí llamar a Miriam, marqué siete u ocho veces, pero no respondía, entendí que realmente no quería saber nada de mí. Pensé que era mejor dejar las cosas como estaban, aunque me mortificaba el hecho de saber que no me quedaba mucho tiempo en Lima, al día siguiente en la tarde debía viajar a Puerto Inca, y no quería irme sin antes intentar hacer las paces con Miriam, y porque no, también con Katherine.

─Me gustaría dormir todavía borracho, sin preocuparme por nada ─pensé, pero no podía pegar los ojos, estaba muy apenado por Miriam, pensaba que no se lo merecía, en todo caso si Katherine quería venganza se las hubiese cobrado conmigo y no con una niña que nada tenía que ver en todo esto. Me sentía miserable. Pensé que las cosas estaban bajo control, pero no reparé en la forma masoquista y enferma de pensar de Katherine─. Si no la hubiera dejado sola en mi depa, todo estaría mejor ─me atormentaba pensando en lo mismo.

Al rato cerca del medio día, Katherine volvió a llamar, me gritó todo lo que quiso, yo solo traté de aclararle que nosotros ya no teníamos una relación formal y que nada tenía que reclamarme, pero claro, contraatacó preguntándome irónicamente que si el tener relaciones eventualmente con ella no significaba nada ─quizá para una de tus putas, no signifique más que noches de placer, pero si yo me entregaba a ti, era porque tenía la esperanza que las cosas fueran como antes, no porque quería que me pongas al día─, me dijo, dejándome en claro sus ideales y su forma de pensar respecto a las relaciones sentimentales. La conocía bastante, e indudablemente, sabía que no quería que le baje la calentura nada más, sabía que lo que me reclamaba era cierto, pero ya no había nada que hacer, todo estaba consumado, igual no dejaba de mortificarme por no poder remediar la situación.

Cuando parecía que la larga noche y difícil mañana estaban mellando mi estado físico, y me quedaba dormido en el sofá, sonó nuevamente mi celular, pensé en no responder creyendo que era nuevamente Katherine, pero cuando miré la pantalla me di cuenta que no, contesté de inmediato.

─Aló bb, estuve llamándote pero no contestabas…

Pensé decirle que lo sentía, que nunca quise hacerle daño, pero me di cuenta que lloraba y me callé. Me desgarró aun más el corazón escullarla gemir, sin reclamar, solo llorar, realmente la quería y me sentía la peor basura.

─Le conté todo a mi papá, porque no podía más ─me dijo Miriam, al fin, después de un rato y continuó─, me dijo que me olvide de ti, que no vales la pena, pero no puedo, sigues en mi mente, sigo pensando que te amo, debe ser así, es la única explicación para entender porque me duele tanto, nunca había sentido algo parecido, ni siquiera cuando murió mi abuelo a quien adoraba, ¿porque lo hiciste? ─preguntó, pero al notar que no podía argumentar nada en mi defensa colgó. Supongo que esperaba que le dijera algo para aliviar su pena, pero estaba tan afectado y cansado que no reaccioné.

Luego de un rato, después de ordenar algunas ideas, le llamé, no contestó a la primera, pero insistí, no podía dejar que se quede solo con la versión de Katherine.

─Bb, por favor escúchame.
─Lo estoy haciendo, dime ─respondió, con la voz quebrada.
─No sé que rayos te dijo Katherine, pero no pasó nada anoche.
─No seas cínico, no creo que ella esté loca para inventar todo lo que me dijo, además sino de donde sacó mi número de celular, me dijo que tú mismo se lo habías dado.
─Esa es la primera prueba de que está mintiendo, tú sabes que yo jamás haría eso, con que objeto le daría tu número.
─No sé, pero entonces dime como es que lo tiene y además, sabe mi nombre completo y detalles de nuestra relación, seguro le contaste todo eso en la cama.
─Queee…
─Acaso vas a negar que te acostaste anoche con ella, me lo contó todo y si quieres que escuche empieza por decirme la verdad.
─Ok, ok, solo te digo que está mintiendo, pero no podemos hablar de esto por teléfono, por favor ven a mi depa, necesito contarte todo y te aseguro que no me acosté con ella.
─No sé, realmente necesito saber lo que pasó, quiero saber la verdad por cruda que sea, pero ¿qué le digo a mi papá?.
─No lo sé, de repente que te sientes mal y que quieres hablar con una amiga, eso seguro que funciona.
─Está bien, pero a la primera que sienta que me estas mintiendo me largo, ok.
─Ok bb, pero te juro que no me acosté anoche con ella.
Me esmeraba en hacer mis afirmaciones, solo por la noche pasada, porque de lo contrario estaría mintiendo y jurando en vano, aunque seguramente en mi afán de evitarle más dolor igualmente si me viera en la necesidad de asegurarle que nunca pasó nada, lo haría. Además ya faltaba poco para que se vaya a USA, y no merecía que ningún imbécil como yo, la hiciera sufrir de esa manera.

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