─El amor es dolor, por naturaleza ─afirmaba Sebastian, en el chat, pensando en hacer bien las cosas─, y si no estás dispuesta a sangrar, no podrás entregarme el cariño que espero.Ella solo respondía, fríamente ─si, si, entiendo─ y dejaba de escribir.
Mariza, era una joven de 25, pero aparentaba menos, quizá parecía de 22, no más. No solo por la apariencia física, también por la forma de mirar, reír, de actuar y sobre todo por sus respuestas casi siempre ambiguas, y en este último caso parecía de 15. Pero era la niña mala que Sebastian había elegido para amar.
Él fungía de marketero en un colegio joven. Quizá no sabía mucho de eso, pero hacía su mejor esfuerzo, ponía todo de su parte para lograr los objetivos trazados. Tenía apenas dos meses en esa ciudad, había llegado específicamente para desarrollar el proyecto de marketing de aquel colegio, con metas muy altas, entre ellas, duplicar el número de alumnos. Llegó dispuesto a dedicarse íntegramente al trabajo, no hacer vida social y no permitir distracciones. Pero en el camino conoció a AD, alguien, quien a pesar de las múltiples definiciones en su contra, se hizo su mejor amigo, en esa ciudad tan amigable y cálida. AD era muy amigo de Mariza, también de Mandy y Rafaela (pero ellos son parte de otra historia).
Desde que conoció a Mariza, Sebastian supo que ella sería especial, porque vio en sus hermosos ojos marrones oscuros, expresivos, vivaces y centellantes un candor que lo cautivó, alcanzó una ilusión al apreciar su sonrisa pueril, inocente y entregada a plenitud. Pero no sabía que era una “niña” que, a pesar de negarlo, pasaba por una situación aun complicada, por las secuelas de su anterior relación. Esa situación la haría actuar a la defensiva, con las personas que se le acercaban pretendiendo conquistarla y más aun con Sebastian, quien era un forastero.
Sebastian era un joven de 29, muy serio en cosas laborales, pero muy loco y quizá hasta libertino en cuestiones de vida social. Eso causaba en el nuevo grupo, al cual trataba firmemente de adaptarse, muchas suspicacias y hasta desconfianza. Sin embargo, al cabo de ese par de meses de convivencia casi diaria, le dieron todo el cariño y lo consideraban realmente parte del grupo. Sebastian, pasaba por una crisis emocional, propia de su carácter voluble. Más, en ese momento que se encontraba en una nueva ciudad, en un nuevo medio, en parte, distinto al que estaba acostumbrado de donde venía. Lo compungían los prejuicios más arraigados que se manifestaban día a día, debía realmente adaptarse, ser más prudente en las cosas que decía y hacía.
La conversación continuaba:
─Por eso escribo de esa manera, aunque sean solo días los que permanezca a tu lado, meses o años, te daré lo mejor de mí.
Ella solo leía, sin saber exactamente que escribir.
─Quiero darte un poquito de felicidad, quiero que sientas que te amo cuando te miro.
Mariza, al fin decidió escribir algo, algo que nació en su corazón.
─Es muy lindo lo que escribes.
El continuó escribiendo, sintiéndose alagado.
─Quiero que sientas que te amo cuando estamos juntos, cuando te coja de las manos, cuando te miro a los ojos, aun cuando estamos separados.
Sebastian realmente se sentía suspendido, sentía que la amaba profundamente, y sabía que eran atípicos esa atracción, cariño y amor prematuros. Pero no quería negárselo a si mismo, tampoco pretendía ser orgulloso y dejar de revelarlo a su amada. Estaba actuando de un modo poco conocido en él, estaba siendo totalmente transparente, entregando más de lo acostumbrado y quizá solo esperando lo necesario para sentirse correspondido. No sabía exactamente que le hacía actuar de ese modo, siempre le comentaba a Mariza ─creo que es el karma, la mística de la ciudad─, o quizá en el fondo si sabía, era el momento para iniciar una nueva forma de amar, el momento para dar lo mejor de sí, lejos de casa y sin precedentes.
Ella temía el final, la ruptura, ocasionados por la misma razón que condujo a Sebastian a ese lugar. Quizá tenía razón, pero él estaba dispuesto a entregarlo todo y le exigía a ella lo mismo. Y le repetía:
─El amor es dolor, por naturaleza y si no estás dispuesta a sangrar, no podrás entregarme el cariño que espero…


2 comentarios:
El Amor es dolor por naturaleza....
Ha pasado tantos meses desde la publicación de esta historía...
Y estoy totalmente de acuerdo con esta frase mi Amor.
Te Amo, Mónica.
Publicar un comentario