Desde Nicaragua, publica su segunda entrada, mi pata Mark (de Oxapampa), comenten...
Muchas veces al despertar en las noches me pregunto que hubiera pasado si me hubiese casado, antes, ¿sería feliz?, ¿estaría jodido pensando en el futuro de mi mujer y mis hijos?, trabajando como loco, como la mayoría de mis amigos, viendo por su bienestar, pensando en pagar la casa, pensando en pagar el carro, el colegio de mis chibolos, no lo sé. A veces tengo tantas interrogantes de lo que pudo ser y no fue, preguntas que terminan angustiándome, en fin…, a todo esto, llegué a la conclusión de que una persona, no está diseñado para otra mujer, osea ya dejé de creer en las medias naranjas, y tanta vaina, desde que la mía busco otro medio limón y me jodió.
Pero todo eso, ya es parte de mi triste-alegre-orgulloso pasado, ahora sigo rodando pensando encontrar a “la mujer de mi life”, aunque en mi percepción, quizá errada, no la veo en mi horizonte. Mientras conozco a más mujeres cada una me va enseñando cosas agradables pero también más sentimientos y celos intratables.
Ahora estoy saliendo con Mariela, ella tiene 20 años, estudia medicina, y fue o es, mejor dicho, la novia de un amigo que trabajó conmigo y se fue a otro lugar, bueno la historia comenzó simple como todas, la conocí por medio de un mensaje al celular, una invitación para salir, ella, su amiga, yo y mi ex amigo (dudo que ahora me considere su amigo), y empatamos 2 a 2, todo bestial me llamo tal, te llamas tal, salimos a bailar, recuerdo, nos metimos un dance de 2 horas seguidos entre chelas y smirnofs (un trago con vodka), eso tomaban ellas yo happy con mis toñas, la fiesta terminó a las 2:00 am y la clásica, vamos a mi casa a seguirla, vivo solo, pero en la cama, al final cada uno se comió a su respectiva ”enamorada”.
Terminada la sesión con mi nueva flaca, no llegamos a más, impuse la excusa de siempre –debo trabajar temprano–, porque honestamente en la cama no fue ni chicha ni limonada, y para mí con eso se acabó el amor. Simplemente dejé de verla, ella también dejo de escribir, y yo seguía rodando con otras flacas, nada importante.
Hasta que, hace 20 días, me quede sin minutos en el cel y fui a comprar una recarga, pucha la vi, era la flaca de mi ex amigo, Mariela, pero mmm, estaba mejor que antes, alta ella, bonita figura, joven aun, morocha, bronceada por este sol inclemente, wau me quedé medio shockeado, y noté que a ella también le paso algo, se puso nerviosa, –vamos a ver– pensé, –que resulta de este encuentro fortuito–. Los día siguientes empecé a mandarle mensajes al cel, solo por joder, y me respondió de buena forma, y como es natural, luego empezaron las llamadas, y mensajes y llamadas, etc. En una de esas conversaciones, oh, sorpresa –aun estoy con tu amigo– reveló. Pensé en no insistir más, si quiere quiere y si no que se la guarde, no problem, y fue precisamente un viernes, que me iba manejando de la chamba cerca a la ciudad, planeado que seria de mi weekend pensando ir con la firme a un bar donde ponen rock en vivo 70 y 80s, no toy tan tio pero me vacilan esas rolas, muchos recuerdos, muchos amigos, y en un país que empiezo a conocer y disfrutar, pero casi llegando sonó el cel, era ella, Mariela, era la primera vez que me llamaba, me dijo si la propuesta de salir aun estaba en pie, y obvio , le dije que tenia otros planes pero que por ella podía posponerlos para otra ocasión, así que cambié mis planes, inventé que tenía que celebrar la cena por el ascenso de mi gerente a una gerencia corporativa de la empresa y mi hembrita cuasi firme me tenía que atracar, no se si lo hizo pero fui convincente con ese floro, llegué a mi casa, una ducha reparadora, un change de 15 minutos, buscar un preservativo, porsiacaso, y a la guerra, nos encontramos cerca a una disco, y ahí estaba con unos tacos bajos pero casi y me pasaba, pucha, bestial, un pantalón apretado, y un polito corto, para que más, para 34º grados son suficientes, así que entramos a vacilarnos, bailamos harto, ella más que yo, pues yo siempre fui y soy más bohemio, entonces cuando quería quedarme ahí tomando un trago en las rocas iba a bailar sola y me gustaba como lo hacía para mi, pues me miraba y contorneaba su cuerpo contra un espejo, me gustó el detalle, tanto que me animé a acompañarla y ponerla contra el espejo, tocar nuestros cuerpos bailando, rozarnos lujuriosamente hasta sudar, cuando terminó el mix, nuevamente amigos, algo pateados los dos, pero a la vez inquietos, ya eran las dos de la madrugada, la fiesta terminaba así que le propuse que nos fuéramos.
En el auto, continuaban angustiándome las dudas, después de tantos temas hablados, permanecía en mí, la incertidumbre –quiere o no, un choque y fuga conmigo–, pero ni modo, arranque y salimos del lugar, primero fuimos a un market a tomar un gatorade según ella, pero de igual forma yo también me hice el difícil, o quizá estaba confundido, sentía que iba a joder a un amigo. Seguí manejando hasta llegar a 100 mts. de su casa, ella llamó a la empleada para que le abra la puerta, caleta, y pucha, en la radio sólo sonaban baladas en inglés, esas clásicas, que las radios tocan eternamente, a veces odiadas y como en estos casos propicios y alcahuetes. En ese instante, ambos entendimos que cuando la carne busca a la carne, los principios se corrompen, me armé de valor, le moví la cabeza ligeramente y le di un beso suave, sólo para ver su reacción, y no fue para nada mala, por cierto, ella me respondió con otro beso y ya no pudimos detenernos, nos besamos amplia y apasionadamente, daba la impresión de querer comernos a besos, nuestras bocas y lenguas eran los guerreros y nosotros lo pilotos audaces, era mucho más que eso, me sentí húmedo y juro que ella también se mojó. Abrumado, en medio de la excitación deslicé mis manos hasta “tocarle el alma”, ella tan excitada como yo, no dijo nada, se dejó explorar sin el menor decoro, empecé a besar sus senos, tiernos, firmes, turgentes, aparentemente, con poco uso dado sus cortos años, me encandilé con ellos, y todo marchaba bien, hasta pensé en hacerla mía ahí mismo, pero no, tuvo que entrometer su cola el mismísimo lucifer, mala suerte, una señora de esas brujas que aparecen en toda historia romántica y nos jodió el trance, entonces solo quedaba el plan B, no podía llevarla a mi casa, porque en mi otro cuarto ella estuvo con el que ya conocen, así que antes que pronuncie nada le dije vamos al autohotel, este es un telo pero con cochera privada, nadie te ve en el lugar, llegas, te estacionas, ponen una cortina al garaje y te metes al cuarto directo, sin recepción ni nada y luego por una pequeña ventana pagas por la habitación, obvio, sin ver a nadie, solo veras manos, aquí le dicen el “hogar de los infieles”, jajaja, cuanta razón tienen, bueno ella apagó la luz, yo la prendí, empezamos mal, pero al final nos quedamos con la luz de las mesas de noche, punto neutral, y empezamos a disfrutar. Oh sorpresa, segunda revelación, esta vez nada verbal, que naturalidad, desenfreno, lujuria, todo al mismo tiempo, ella hizo lo que en mis pasadas relaciones me costó varias semanas de conversación y adiestramiento, cuanta conexión, si parecía que siempre lo hubiéramos hecho. Existió tanta química, que podría jurar que recordaré aquella faena (faenón, jaja) por siempre, de esas que después prendes un cigarro y muestras una sonrisa estúpida y miras el techo pensando que es el firmamento, preguntándote, porque yo, realmente me sorprendí, pero como toda noche, toda salida y toda función tiene que terminar, terminamos, nos quedamos dormimos cerca de dos horas. Al despertar, después de tanta pasión, creo que quedo luego el remordimiento mutuo, claro ninguno de nosotros se atrevió a decir algo, yo preferí callar y guardarme mis principios para otro día, luego la fui a dejar a su casa, sin mayores detalles que un tibio beso de despedida u un ─escríbeme o llámame si te acuerdas─, que me desencajo todo, pero no le quise dar más importancia y sólo lo tome como un cumplido. Me fui a dormir pensando en muchas cosas, en mis principios rotos, en lo traicionero que puede resultar la tentación de la carne, que incluso puede ganarle la partida a una sincera amistad. Al final, ─son huevadas─ dije, y me dormí.
Al día siguiente seguía pensando en lo que pasó, no se si por querer repetirlo o por querer borrarlo de mi hard disk, igualmente, seguí mi vida como siempre. A media mañana me llamó otra tentación, otra amiga que había terminado temprano sus clase en la universidad, le propuse ir a la playita y almorzar juntos, para despejarme y olvidar lo sucedido la noche anterior, craso error, a pesar que estuve con ella corriendo por la arena caliente, jugando, besándonos, al final de la tarde previo sunset y chelitas, nos emocionamos tanto que terminamos en mi casa, en mi cuarto en mi cama, nuevamente, según yo, nos íbamos a quitar la arena de encima, pero cuando apenas empezamos a intercambiar fluidos, jajaja, me di cuenta de la diferencia, ya no había esa magia, esa conexión, ese click de la noche anterior, así que intente hacerla feliz, lo logré, ella se vino, pero yo hice algo que hace mucho no hacia, fingí que tuve un orgasmo, para salir de ella, y meterme a la ducha a seguir pensando, no me quedaba otra, realmente me había impactado ese encuentro sexual, más allá de mis clásicos limites, pero igual como siempre dejé de ponerle tanta mente a estos cuestiones, ya era lunes y tenía que trabajar, desconecté mi programa de sentimientos y puse ON, al programa de rendimiento y producción, muy buena terapia por cierto, hasta que el miércoles, llegó un mensaje a mi cel, escueto pero perturbador ─espero que lo hayas disfrutado tanto como yo─.
Me quedé pensando, realmente me perturbó y le respondí claro que respondí, le seguí el juego, no podía quedarme atrás. Finalmente, llegamos a un acuerdo, ella se iba a un congreso de su especialidad a un resort en un balneario y me preguntó si quería acompañarla, mmmm, ni modo dije, atrás principios que voy de viaje.
Así, transcurrieron diez días, sosteniendo nuestro romance sólo en base a mensajes de texto, porque no podíamos vernos, hasta que llegó el viernes, pedí permiso por lo que quedaba del día, entonces empezamos nuestra mini luna de miel, mismo just married, besitos, abracitos, te quiero, te quiero y esas cosas, deteniéndonos cada 25 kilómetros para bajar del auto y darnos muchos besos morbosos y acariciarnos más de la cuenta, fue algo extraño pero intenso, y llegamos a nuestro destino, “para que describir lo que hicimos en la alfombra” dice Arjona, “si basta con decir que le besé hasta la sombra”, en fin, un weekend especial, como hacía muchos no lo tenía, apagué el cel, y traté de olvidarme del mundo, y vaya que lo hice. Sin duda, el lugar fue propicio para estos placeres, rodeado de un sol radiante, palmeras paradisíacas, hamacas, piscinas, para que pedir más. Como si con todo eso no bastara, servían todas las chelas que podías tomar, la comida uuummm, la cama, los baños, etc. Todos ellos atentos y serviciales espectadores de nuestras sesiones de amor, en todos los lugares donde pudimos, incluso en la playa, de madrugada, pero a medida que transcurría el segundo día, advertía, que iniciaba la cuenta regresiva, me bajoneó un poco pero traté de seguir disfrutándolo, presintiendo que todo esto terminaría pronto, sin saber si era lo que quería o no, pero terminaría.
Pero todo eso, ya es parte de mi triste-alegre-orgulloso pasado, ahora sigo rodando pensando encontrar a “la mujer de mi life”, aunque en mi percepción, quizá errada, no la veo en mi horizonte. Mientras conozco a más mujeres cada una me va enseñando cosas agradables pero también más sentimientos y celos intratables.
Ahora estoy saliendo con Mariela, ella tiene 20 años, estudia medicina, y fue o es, mejor dicho, la novia de un amigo que trabajó conmigo y se fue a otro lugar, bueno la historia comenzó simple como todas, la conocí por medio de un mensaje al celular, una invitación para salir, ella, su amiga, yo y mi ex amigo (dudo que ahora me considere su amigo), y empatamos 2 a 2, todo bestial me llamo tal, te llamas tal, salimos a bailar, recuerdo, nos metimos un dance de 2 horas seguidos entre chelas y smirnofs (un trago con vodka), eso tomaban ellas yo happy con mis toñas, la fiesta terminó a las 2:00 am y la clásica, vamos a mi casa a seguirla, vivo solo, pero en la cama, al final cada uno se comió a su respectiva ”enamorada”.
Terminada la sesión con mi nueva flaca, no llegamos a más, impuse la excusa de siempre –debo trabajar temprano–, porque honestamente en la cama no fue ni chicha ni limonada, y para mí con eso se acabó el amor. Simplemente dejé de verla, ella también dejo de escribir, y yo seguía rodando con otras flacas, nada importante.
Hasta que, hace 20 días, me quede sin minutos en el cel y fui a comprar una recarga, pucha la vi, era la flaca de mi ex amigo, Mariela, pero mmm, estaba mejor que antes, alta ella, bonita figura, joven aun, morocha, bronceada por este sol inclemente, wau me quedé medio shockeado, y noté que a ella también le paso algo, se puso nerviosa, –vamos a ver– pensé, –que resulta de este encuentro fortuito–. Los día siguientes empecé a mandarle mensajes al cel, solo por joder, y me respondió de buena forma, y como es natural, luego empezaron las llamadas, y mensajes y llamadas, etc. En una de esas conversaciones, oh, sorpresa –aun estoy con tu amigo– reveló. Pensé en no insistir más, si quiere quiere y si no que se la guarde, no problem, y fue precisamente un viernes, que me iba manejando de la chamba cerca a la ciudad, planeado que seria de mi weekend pensando ir con la firme a un bar donde ponen rock en vivo 70 y 80s, no toy tan tio pero me vacilan esas rolas, muchos recuerdos, muchos amigos, y en un país que empiezo a conocer y disfrutar, pero casi llegando sonó el cel, era ella, Mariela, era la primera vez que me llamaba, me dijo si la propuesta de salir aun estaba en pie, y obvio , le dije que tenia otros planes pero que por ella podía posponerlos para otra ocasión, así que cambié mis planes, inventé que tenía que celebrar la cena por el ascenso de mi gerente a una gerencia corporativa de la empresa y mi hembrita cuasi firme me tenía que atracar, no se si lo hizo pero fui convincente con ese floro, llegué a mi casa, una ducha reparadora, un change de 15 minutos, buscar un preservativo, porsiacaso, y a la guerra, nos encontramos cerca a una disco, y ahí estaba con unos tacos bajos pero casi y me pasaba, pucha, bestial, un pantalón apretado, y un polito corto, para que más, para 34º grados son suficientes, así que entramos a vacilarnos, bailamos harto, ella más que yo, pues yo siempre fui y soy más bohemio, entonces cuando quería quedarme ahí tomando un trago en las rocas iba a bailar sola y me gustaba como lo hacía para mi, pues me miraba y contorneaba su cuerpo contra un espejo, me gustó el detalle, tanto que me animé a acompañarla y ponerla contra el espejo, tocar nuestros cuerpos bailando, rozarnos lujuriosamente hasta sudar, cuando terminó el mix, nuevamente amigos, algo pateados los dos, pero a la vez inquietos, ya eran las dos de la madrugada, la fiesta terminaba así que le propuse que nos fuéramos.
En el auto, continuaban angustiándome las dudas, después de tantos temas hablados, permanecía en mí, la incertidumbre –quiere o no, un choque y fuga conmigo–, pero ni modo, arranque y salimos del lugar, primero fuimos a un market a tomar un gatorade según ella, pero de igual forma yo también me hice el difícil, o quizá estaba confundido, sentía que iba a joder a un amigo. Seguí manejando hasta llegar a 100 mts. de su casa, ella llamó a la empleada para que le abra la puerta, caleta, y pucha, en la radio sólo sonaban baladas en inglés, esas clásicas, que las radios tocan eternamente, a veces odiadas y como en estos casos propicios y alcahuetes. En ese instante, ambos entendimos que cuando la carne busca a la carne, los principios se corrompen, me armé de valor, le moví la cabeza ligeramente y le di un beso suave, sólo para ver su reacción, y no fue para nada mala, por cierto, ella me respondió con otro beso y ya no pudimos detenernos, nos besamos amplia y apasionadamente, daba la impresión de querer comernos a besos, nuestras bocas y lenguas eran los guerreros y nosotros lo pilotos audaces, era mucho más que eso, me sentí húmedo y juro que ella también se mojó. Abrumado, en medio de la excitación deslicé mis manos hasta “tocarle el alma”, ella tan excitada como yo, no dijo nada, se dejó explorar sin el menor decoro, empecé a besar sus senos, tiernos, firmes, turgentes, aparentemente, con poco uso dado sus cortos años, me encandilé con ellos, y todo marchaba bien, hasta pensé en hacerla mía ahí mismo, pero no, tuvo que entrometer su cola el mismísimo lucifer, mala suerte, una señora de esas brujas que aparecen en toda historia romántica y nos jodió el trance, entonces solo quedaba el plan B, no podía llevarla a mi casa, porque en mi otro cuarto ella estuvo con el que ya conocen, así que antes que pronuncie nada le dije vamos al autohotel, este es un telo pero con cochera privada, nadie te ve en el lugar, llegas, te estacionas, ponen una cortina al garaje y te metes al cuarto directo, sin recepción ni nada y luego por una pequeña ventana pagas por la habitación, obvio, sin ver a nadie, solo veras manos, aquí le dicen el “hogar de los infieles”, jajaja, cuanta razón tienen, bueno ella apagó la luz, yo la prendí, empezamos mal, pero al final nos quedamos con la luz de las mesas de noche, punto neutral, y empezamos a disfrutar. Oh sorpresa, segunda revelación, esta vez nada verbal, que naturalidad, desenfreno, lujuria, todo al mismo tiempo, ella hizo lo que en mis pasadas relaciones me costó varias semanas de conversación y adiestramiento, cuanta conexión, si parecía que siempre lo hubiéramos hecho. Existió tanta química, que podría jurar que recordaré aquella faena (faenón, jaja) por siempre, de esas que después prendes un cigarro y muestras una sonrisa estúpida y miras el techo pensando que es el firmamento, preguntándote, porque yo, realmente me sorprendí, pero como toda noche, toda salida y toda función tiene que terminar, terminamos, nos quedamos dormimos cerca de dos horas. Al despertar, después de tanta pasión, creo que quedo luego el remordimiento mutuo, claro ninguno de nosotros se atrevió a decir algo, yo preferí callar y guardarme mis principios para otro día, luego la fui a dejar a su casa, sin mayores detalles que un tibio beso de despedida u un ─escríbeme o llámame si te acuerdas─, que me desencajo todo, pero no le quise dar más importancia y sólo lo tome como un cumplido. Me fui a dormir pensando en muchas cosas, en mis principios rotos, en lo traicionero que puede resultar la tentación de la carne, que incluso puede ganarle la partida a una sincera amistad. Al final, ─son huevadas─ dije, y me dormí.
Al día siguiente seguía pensando en lo que pasó, no se si por querer repetirlo o por querer borrarlo de mi hard disk, igualmente, seguí mi vida como siempre. A media mañana me llamó otra tentación, otra amiga que había terminado temprano sus clase en la universidad, le propuse ir a la playita y almorzar juntos, para despejarme y olvidar lo sucedido la noche anterior, craso error, a pesar que estuve con ella corriendo por la arena caliente, jugando, besándonos, al final de la tarde previo sunset y chelitas, nos emocionamos tanto que terminamos en mi casa, en mi cuarto en mi cama, nuevamente, según yo, nos íbamos a quitar la arena de encima, pero cuando apenas empezamos a intercambiar fluidos, jajaja, me di cuenta de la diferencia, ya no había esa magia, esa conexión, ese click de la noche anterior, así que intente hacerla feliz, lo logré, ella se vino, pero yo hice algo que hace mucho no hacia, fingí que tuve un orgasmo, para salir de ella, y meterme a la ducha a seguir pensando, no me quedaba otra, realmente me había impactado ese encuentro sexual, más allá de mis clásicos limites, pero igual como siempre dejé de ponerle tanta mente a estos cuestiones, ya era lunes y tenía que trabajar, desconecté mi programa de sentimientos y puse ON, al programa de rendimiento y producción, muy buena terapia por cierto, hasta que el miércoles, llegó un mensaje a mi cel, escueto pero perturbador ─espero que lo hayas disfrutado tanto como yo─.
Me quedé pensando, realmente me perturbó y le respondí claro que respondí, le seguí el juego, no podía quedarme atrás. Finalmente, llegamos a un acuerdo, ella se iba a un congreso de su especialidad a un resort en un balneario y me preguntó si quería acompañarla, mmmm, ni modo dije, atrás principios que voy de viaje.
Así, transcurrieron diez días, sosteniendo nuestro romance sólo en base a mensajes de texto, porque no podíamos vernos, hasta que llegó el viernes, pedí permiso por lo que quedaba del día, entonces empezamos nuestra mini luna de miel, mismo just married, besitos, abracitos, te quiero, te quiero y esas cosas, deteniéndonos cada 25 kilómetros para bajar del auto y darnos muchos besos morbosos y acariciarnos más de la cuenta, fue algo extraño pero intenso, y llegamos a nuestro destino, “para que describir lo que hicimos en la alfombra” dice Arjona, “si basta con decir que le besé hasta la sombra”, en fin, un weekend especial, como hacía muchos no lo tenía, apagué el cel, y traté de olvidarme del mundo, y vaya que lo hice. Sin duda, el lugar fue propicio para estos placeres, rodeado de un sol radiante, palmeras paradisíacas, hamacas, piscinas, para que pedir más. Como si con todo eso no bastara, servían todas las chelas que podías tomar, la comida uuummm, la cama, los baños, etc. Todos ellos atentos y serviciales espectadores de nuestras sesiones de amor, en todos los lugares donde pudimos, incluso en la playa, de madrugada, pero a medida que transcurría el segundo día, advertía, que iniciaba la cuenta regresiva, me bajoneó un poco pero traté de seguir disfrutándolo, presintiendo que todo esto terminaría pronto, sin saber si era lo que quería o no, pero terminaría.
Así dejamos nuestra cabaña y empezó el largo viaje de retorno, tres horas, en las cuales nos perdíamos quien sabe, en que pensamientos, seguramente los más absurdos, tratando de decir, explicar o argumentar razones que nos condujeran a sobrellevar los sentimientos de culpabilidad, que sería de nosotros. Yo trataba de llevar la conversación por otro lado, pero era algo que no podía esquivarse, a medida que íbamos llegando a nuestro destino final, por momentos, tenía ganas de decirle que empezáramos algo juntos, pero luego pensaba en mi ex amigo, y por dentro también me entraba una duda, y como caída del cielo en la radio empezó a sonar la canción “ajena” que dice algo como ─no ves cuanto me hiere tu traición yo que soñaba con hacerte solo mía, con tu error me lastimaste el corazón si lo engañaste a él, a mi lo mismo me harías─. Les juro que no pude evitar un ataque de risa, al punto que tuve que parar el carro y salir a tomar aire para que se me pasara, no sé si alguien me lo había enviado desde arriba pero fue precisa. Sin embargo, como que seguía sintiendo ese nudo en la garganta, por no saber como terminaría este furtivo encuentro, porque esto de ser amante como que ya lo viví y bastante, bastaaaaante diría yo, pero este estigma aun me persigue y yo que no quiero!. Minutos antes de llegar, le llamó el novio (mi ex amigo), con las típicas preguntas del tipo celoso ─¿dónde estás, con quien estás, a donde fuiste, con quien saliste?─, y todo de paporreta. Pucha, esa fue la cereza de la torta, felizmente estábamos cerca así que al bajarla del carro a su taxi, me dio una mirada que me golpeó, sentí que sus ojos me decían ─hasta aquí nomás, lo dejamos así porque tu lo quiere, no lo olvides─, me dio un beso en la boca y me quedé suspendido, me sentí fatal, era como despertar de otro sueño más, ya conocía esa sensación. No podía pedirle o permitirle que termine con el novio, para después yo hacerla sufrir, no se lo merecía, retrocedí, di la vuelta y me fui a descansar pensando y recordando mil y una escenas de los días anteriores, tratando de sentirme menos mal, inyectándome optimismo y esperanza ─todo lo que viene será mejor─ me repetía, porque es algo que aun espero.



1 comentario:
Ay Mijael, sigue siendo aquel chico de siempre,tan complicado y simple a la vez.Se te extraña!!
Publicar un comentario