sábado, 20 de octubre de 2007

Barranco.paraisoterrenal

Ese fin de semana, había decidido recapacitar, recogerme. El viernes no contesté un par de llamadas, seguramente alguna invitación de mis amigos para embriagarnos y levantar algo en algún antro limeño. El sábado cerca de las 11:30 pm, cuando creí haber pasado la prueba de fuerza de voluntad, llamó mi amigo Henry. No contesté a la primera, pero cuando Henrito quiere chupar con su par, no hay quien lo pare. No pude resistir más, sabía que si salía con él, la iba pasar genial. Eran incontables las noches en las que nos habíamos perdido, solos o acompañados la pasábamos super. Este tipo era realmente increíble, brillante, dueño de un carisma con el que era capaz de levantar hasta la madre superiora de algún convento. Antes de meterse al GYM, tenía dos “pies izquierdos”, realmente era vergonzoso cuando le tocaba bailar alguna salcita, merengue, peor si se trataba de alguna canción de ritmo brasilero. Pero como era mi mejor amigo, no podía ser tan duro con él, siempre lo animaba para que siga intentándolo, lamentablemente solo llegaba ahí. Hasta que por fin en el gimnasio, aunque tenía mis dudas al respecto, lo lograron, llegué a pensar que le habían transplantado dos piernas nuevas, que le habían cambiado de todo, porque luego de tres meses, era otro tipo en la pista de baile. Había ganada una seguridad, en base a contorneos del tronco, caderas y piernas que eran inimaginables meses atrás, cuando no era capaz de terminar una pieza sin chocar con otra pareja o pisarle los pies a su acompañante de turno.

─Por haberte hecho a la difícil con tu brother, la primera ronda de tragos corre por tu cuenta ─Me dijo cuando por fin me digné en contestar.
─Estaba en la ducha ─argumenté, sin el menor éxito de que me creyera.

Henry me conocía de sobra, evidentemente sabía que no quería salir ese fin de semana por alguna razón, pero como siempre hacíamos lo mismo, convencer al otro para hacer de las nuestras, insistió.

Llegamos al boulevard de Barranco, estaba como siempre, atestado de gente con hartas ganas de divertirse. Era sábado, así que luego del arduo trabajo semanal se hace absolutamente necesaria una noche de relax total y los que no trabajaban, igual se embriagaban como si lo hicieran. Barranco es el “paraíso terrenal”, sin duda encuentras lo que buscas, chicas guapas dispuestas a todo, la jarra de chela a tan solo 12 lucas, otros tragos y por supuesto las infaltables maría, blanca nieves y demás estupefacientes espirituosos. Dimos el tradicional paseito de la noche, para checar la “mercadería”, al fin decidimos quedarnos en Isis. Este antro que hacía alusión a la diosa griega de la fertilidad, dilataba las pretensiones de afecto fugaz de los ardientes concurrentes, irónicamente nadie pretendía procrear, solo divertirse. Casi siempre nos quedábamos en el mismo lugar, la música no era precisamente mi favorita, era totalmente opuesta a lo que solía escuchar en casa, pero no venía a agasajar mis oídos, sino mis ojos y sexo. Pero para esto último tendría que trabajar un par de horitas floreando a alguna flaquita que quisiera no sentirse tan sola esa noche, alguien que quisiera compartir mi cama.

Yulissa estaba acompañada de Mónica, tenían aproximadamente entre 20 y 22 años, estaban como querían. Henry tomó la iniciativa, como casi siempre, sacó a bailar a la primera, pero no porque le gustase ella más que la otra, sino por que yo le había dicho que era mi favorita entre las dos.

─Tío, como para que la próxima te animes tu primero, le voy a caer a la flaquita de cabellos cortos, seguramente que los pendejos también los tiene cortitos como me gustan ─me dijo, restregándome en la cara mi cobardía por no haber tomado la iniciativa.
─No problem tío, igual la otra esta bien rica, esos cabellos largos y ensortijados, son perfectos para sostenerme de ellos cuando la azote en cuatro ─replique.

Henry se cagó de la risa y avanzó hacia las chicas, que ya se sabían observadas y rifadas. Yulissa solo sonrió y salió a la pista, empezó a contornearse a ritmo de una canción de Shakira, esa que te obliga a someter las caderas en un vaivén hipnótico. Yo por mi parte, caminaba de tras de Mónica que me conducía de la mano a la pista de baile. Ella me daba la espalda y fue cuando puede ver sus bien contorneadas caderas y un potito levantadito que me hicieron estallar en una semi erección que tuve que controlar, para no agredirla de entrada.

─Ya fuiste Henry, aunque me ruegues que te la cambie, no lo haré. Está escrito que yo me quedaré esta noche con Mónica ─Pense, mientras la miraba de forma muy atrevida, casi desvistiéndola con los ojos.
─Me llamo Mónica ─me dijo, rompiendo con el silencio y mi abstracción─ pero no sigas mirándome así, porque voy a pensar que eres un pervertido y me iré de inmediato ─dijo, de forma desafiante.

Yo me eché a reír, porque noté que luego de decirme ese rollo, se mordió los labios.

─Mónica lo siento, no pude evitar perderme en tus ojos y ese cuerpo que me dejó totalmente embelesado ─dije, con el único fin de lanzarle un piropo que gane terreno.
─Ahora tu me haces reír ─respondió, algo palteada y esquivando la mirada. Sin duda el piropo había cumplido su cometido.

Henry parecía haber entablado también una relación osada, lo noté por como miraba directamente a los ojos de Yulissa que luego bajaba hasta perderse en su escote. Ella simplemente se dejaba escrutar, sin el menor reproche, solo sonreía y se dejaba envolver por los movimientos de su acompañante, que hacía alarde de lo aprendido en sus clases de baile en el GYM.

Mónica y yo charlábamos muy entretenidos, a la vez que disfrutábamos de algunos roces algo insinuantes. Terminada la canción, nos invitaron a su mesa. Bailamos las siguientes dos horas, y entre baile y chelas me enteré que Mónica había terminado con su enamorado dos meses atrás, que no estaba en busca de pareja pero que no le molestaba que la afanara.

─Mientras no me parezca grosero lo que hagas o digas, todo está permitido ─aclaró, a media salcita romanticona.
─Y te parece grosero que las invitemos a mi depa luego de unas canciones más ─dije en forma temeraria, esperando lo peor.
─No para nada, acepto, pero no sé que dirá Yulissa, ahora que si ella no va yo tampoco ─condicionó.

En realidad Henry y yo, habíamos acordado invitarlas a mi depa, durante esa canción. Y quizá ellas también habían acordado aceptar cuando nosotros lo propongamos, porque durante la noche habíamos hecho comentarios de que vivía solo en mi depa de San Borja y que en varias ocasiones habíamos terminado las juergas ahí.

Luego de algunas canciones más y terminada la última jarra de chela, cerca de las 2:30 de la madrugada, tomamos un taxi y nos embarcamos a seguirla hasta el amanecer. En el camino nos detuvimos a comprar más cerveza en un grifo, compramos cuatro sixpacks como para no salir a comprar nuevamente. Y si sobraba de hecho le dábamos curso en la semana entrante. Tenía un departamento de soltero, con un solo dormitorio, pero en la sala había un par de muebles muy cómodos que de vez en cuando albergaban a algunos amantes improvisados.

Cuando coincidimos en el baño del depa, Henry se mostraba triunfador, porque decía que le había pedido a Yulissa que se quedara con él luego de la chupeta, ella había aceptado.

─Vamos a tirar más tarde Gillermin y ¿tú como vas? ─me preguntó muy emocionado.
─No tan bien como tú, todavía no le he propuesto que tengamos sexo ─respondí algo afligido.
─Pero seguro que sí Gillermin, si no quisiera nada, no estaría acá y por la manera en la que te chapa, ya pues, eso dice mucho, no crees.
─Si tienes razón tío─ concluí.

Al salir nos dimos cuenta que ellas conversaban en voz baja, seguramente poniéndose de acuerdo en lo que iban hacer. Las chelas casi se habían acabado, quedaban unas cuatro o cinco, nada más.

─Puede quedarse Mónica en tu depa, es muy temprano para que ella llegue a su casa porque dijo que se quedaría en la mía y yo pienso irme con Henry a terminar la noche, tu me entiendes verdad ─me dijo Yulissa, muy directa, sin paltas.
─No te preocupes Yulissa, ella puede quedarse si quiere.

No terminé de responder y ya estaba de pie, prendiendo el último cigarrillo que nos quedaba, para emprender el viaje al hotel más cercano. Mónica, un poco más recatada se mostró algo avergonzada por la frescura de Yulissa. Sin embargo, asintió cuando le pregunté si quería quedarse conmigo.

─Tienes un condón verdad ─fue lo primero que me preguntó Mónica luego que partieran Henry y Yulissa,
─Si si, claro ─apenas atiné a responder, un poco sorprendido por la invitación vertiginosa que me hacía.

Terminamos nuestras chelas y sin decir una sola palabra, la cogí de la mano y la conduje hasta mi habitación. Prendí la luz para poder ver cada centímetro de su cuerpo. Empezó a quitarse la ropa, llevaba puesto un top color blanco, semi transparente, debajo llevaba un brasier del mismo color, que mostraban unos senos bien paraditos y con los pezones erguidos. Sentí de inmediato como se me endurecía el pene, pugnando por salir del claustro donde se encontraba.

─¿Qué, no piensas quitarte nada? ─me dijo, sacándome de mi ensimismamiento.
─Claro que sí, como crees entonces que te voy a penetrar ─respondí algo exaltado por la excitación.

Ella sonrió mostrando algo de nerviosismo. Rápidamente me saqué el polo y el pantalón, me quede en calzoncillos, que mostraban mi pene erecto.

─Uy, estamos bastante excitados ─dijo, lanzando una mirada lujuriosa a mi miembro duro.

Se quito el pantalón con algo de dificultad porque le quedaba apretadito, ya estaba en ropa íntima como yo. Se estiró y dio la vuelta, como haciendo un paso de bailarina y me dijo ─te gusta lo que ves─. Yo simplemente no podía creer lo que veían mis ojos. Llevaba puesto un hilo dental que no dejaba nada a la imaginación, esos glúteos blanquitos y bien paraditos eran míos, por lo menos por esa noche. Me acerqué a ella que todavía me daba la espalda y le hice sentir mi sexo, apretándola contra la pared y la escuche gemir de excitación. ─no, no, espera, no podemos seguir si no te pones el condón─ dijo algo aturdida. Me alejé por un segundo y saqué de la billetera un preservativo. ─Quieres que te lo ponga yo─, me dijo sin reparos. Yo simplemente asentí y le entregué el ponchito que ella colocó con mucha avidez. No aguanté más, la tire en la cama, le abrí las piernas muy suavemente y me tendí sobre ella. No la penetré todavía, jugué unos segundos con mi glande y su clítoris sobre su hilo dental, luego acomodé el pedazo de tela que me impedía entrar en ella, y le encajé un certero empujón, que le hizo lanzar un grito entre doloroso y placentero. ─wuauuu─ sollozó complacida. Según me había contado en la madrugada, ella no tenía relaciones cerca de dos meses y medio y que las últimas veces que estuvo con su enamorado no tuvo un orgasmo, porque le había nacido cierto rechazo y resentimiento por las constantes peleas y agravios de parte de él. Así que no me iba a permitir terminar rápido, me mordería la lengua si fuera necesario, para poder durar más, hasta que ella alcanzara un orgasmo. Pero no fue necesario, Mónica resultó ser una chica multiorgasmica, eso me excitó mucho más, penetrándola impetuosamente. Luego de dos eyaculaciones mías, ella había alcanzado seis o siete orgasmos. Terminada la faena conversamos muy poco, caímos rendidos por el cansancio y el alcohol.

Cerca de las nueve de la mañana, me despertó, estaba asustada ─es muy tarde, mi mamá seguramente va llamar a la casa de Yulissa y me cago, tengo que irme, ¿dónde está mi brasier?.─ me reclamó, como si yo supiera donde había botado su ropa, pero no dije nada. Yo pensé que al despertar tiraríamos una vez más, pero estaba visto que no. ─Cambiáte, para que me embarques, que esperas─ ordenó. Me vestí rápidamente, no me puse calzoncillo porque no lo encontraba, bajamos corriendo los cinco pisos del edificio, la oí maldecir porque eran muchas gradas, al fin llegamos a la pista y tomó un taxi. ─Me llamas en la noche─ gritó mientras el taxi aceleraba. Nunca volví a verla.
Regresé a mi cama, y dormí hasta las dos de la tarde. Definitivamente ese era uno de los privilegios de vivir solo, nadie te jodía después de una noche de tragos y felizmente el edificio donde vivía estaba super tranqui, no se escuchaba el menor ruido afuera, parecía que todos habían salido, o quizá solo estaba tan borracho, todavía, que no sentí nada.

3 comentarios:

Pilar dijo...

una historia loca digna de hombres y mujeres de este tiempo que optan por disfrutar la "vida" al maximo, sin importar los sentimientos del alma, tan solo dejandose llevar por los deseos mas fribolos y exitantes del ser, sin importar el uso descontrolado de nuestro cuerpo, como si eso en realidad nos llenara por completo, sin envargo cada vez, se siente que estas mas lejos de lo q realmente quisieras, hundido mas que nunca, queriendo salir del paso y cayendo en el mas profundo avismo.

Anónimo dijo...

simplemente wuaaaau!!! conozco a alguien q sabe escribir "bonito"!!!! jajajajaja... q emocion!
en serio... tienes el estilo q basta con leer menos de un parrafo para no pestañear hasta terminar todo. He leido unas 6 historias nomas(para q mentir) pero con un poquito mas de tiempo leere todo, i promise.... y dejame decirte q hasta donde lei, la mayoria tiene como tema principal el amor en todas sus versiones, percepciones angulos, formas, estilos.... en fin, lo demas te lo dire personalmente. Para terminar...GRACIAS xq has hecho renacer en mi el gusto por la lectura jajajajaja.... see you!

MYRIAM dijo...

De inicio a fin lo disfrute ...como dice la cancion una noche loca ..una noche de copas...asi empieza y asi terminan esas historias.. solo vividas por sentimientos vanos ,superficiales,solo placer y ni una pizca de amor..