sábado, 20 de octubre de 2007

Freddy.busca"amor"

Cerca de las 11 de la noche, sonó el intercomunicador, era Freddy, un amigo del trabajo que quería tomarse unas chelas conmigo.
─Sube está abierto ─dije, luego de levantar el intercomunicador.
Freddy traía dos six pack de medio litro, en lata.
─Que ricas chelas y justo a tiempo, esta era la última ─dije, a manera de saludo, levantando mi cerveza.
─Hola amigo, te he buscado como germita templada toda la tarde, donde te metes, debes tener como 15 llamadas perdidas en tu celular ─reclamó.

Durante las dos horas y media que estuvimos libando nuestras ricas chelas, Freddy no hizo más que hablarme de su corazón roto y pisoteado por una mujer con la que compartió más de dos años. Pero a la vez, parecía que estuviera narrando la historia de otro. En algún momento me dio la impresión que en el fondo se sentía aliviado, porque no la quería y estaba a su lado solo por costumbre, pero una infidelidad siempre es agobiante, perturbador, y se estaba desahogando conmigo. Sin embargo, al terminar la historia, dejo todo atrás, solo tenia la necesidad de contar su historia a alguien y yo era bueno para eso, sabía escuchar.

Cerca de la 2 de la madrugada, se acabaron las cervezas que Freddy trajo, yo pretendía acostarme.

─Quiero bailar carajo, vamos a una disco ─dijo Freddy.
─No tío, no pasa nada, mejor la terminamos aquí nomás, además es lunes, todas las discos deben estar cerradas o vacías ─dije, pretendiendo que desista de esa idea.
─Tú estas tranquilo porque tienes un culito para tirar, y yo─, reclamó, realmente compungido.
─No es eso carajo, te lo digo porque seguro que no encontramos nada, menos en este estado.

Traté de que cambie de opinión, pero fue en vano, insistió tanto, que al final terminé aceptando. Salimos del depa y enrumbamos al Tayta, llegamos al toque, porque a esa hora casi no hay tráfico, todas las luces de los semáforos parpadean en rojo, solo en algunas avenidas principales, todavía anuncian las luces verde, ámbar y rojo.

─Ya no se puede ingresar ─dijo, el gorilón que estaba en la puerta.
─Pero porque, si recién son las dos ─preguntó Freddy.
─Le digo que ya nadie entra, estamos a punto de cerrar, no insista señor, además ustedes están ebrios ─replicó el mastodonte que estaba al otro extremo de la entrada, y se movió con la intención de cerrarnos definitivamente el paso.
─Esto es racismo, discriminación, me voy a quejar a las autoridades, en mi tierra no pasa esto carajo ─contraatacó Freddy.
─Señor, por favor entienda, los lunes acostumbramos a cerrar temprano porque no hay mucha afluencia, no tienen nada que ver esas cosas que usted menciona ─contestó el gorila, ya más calmado, con maneras.
─Igual me voy a quejar, mañana tendrán noticias mías, se los aseguro ─dijo Freddy, mientras yo trataba de jalarlo, para retirarnos.

Estaba abochornado por las cosas que decía mi amigo, siempre frecuentaba ese antro y jamás percibí algo de discriminación o racismo, debía ser cierto lo que decían esos tipos.

─Freddy, vamos!, estos señores solo hacen su trabajo, si quieres vienes mañana y los demandas, pero ahora nos vamos, ok ─lo jale unos pasos más atrás.
─Solo estoy actuando, no te das cuenta. No funcionó el plan uno, pero volvamos y le damos un sencillo y seguro que ahí si nos dejan entrar, además tú me has dicho que aquí vienen chicas guapas, y no estoy dispuesto a irme sin una de ellas.
─Freddy entiende, solo hacen lo que les han ordenado, no es que quieran que los sobornes, por favor entiende ─dije, tratando de hacerlo entrar en razón.
─Ok, está bien, entonces a donde vamos.
─No sé, a donde quieres ir.
─Tu sabes que yo no conozco bien por aquí.
─Tu quieres mujeres verdad ─dije─, bueno en ese estado nadie en una discoteca te va hacer caso, mejor nos vamos a un night club.
─Pero eso es lo que trataba de insinuar en tu departamento y tú nada carajo.
─Si me di cuenta cabrón, taxi.

Le pedí al taxista que nos llevara a Las Palmeras, un puti club que había visitado un par de veces, quedaba en San Juan de Miraflores, en la cuadra once de la avenida Los Héroes, frente al ex cine Susy. En el camino le contaba a Freddy que llegué a ese night por la invitación de un amigo con el que coincidimos en la cabina de “Radio OK”, en el casting que había organizado meses atrás para conseguir nuevos talentos, claro que ninguno de los dos ganó, pero resultó que Armando animaba en Las Palmeras, me dio su tarjeta juntamente con un vale por dos jarras de cerveza, fue así, le decía, que conocía ese hueco.

─Aja, entonces nos van a atender como reyes, si somos amigos del animador, seguro que nos tocan las mejores putitas ─dijo, totalmente emocionado.

Solo sonreí, Freddy empezó a alucinar las cosas que haría con las chicas del night club, cómo las quería, que prefería tetas grandes a los culos enormes, como iba a sacar a alguna para que le hiciera el favorcito, esa noche.

Entramos y las chicas que estaban libres se abalanzaron hacia nosotros, yo preferí esperar, no hablé con nadie, además ya tenía una amiguita que siempre fichaba conmigo, yo era de las personas que prefería la compañía de alguna chica bonita y conocida, con quien podía chapar rico y que ella no se sintiera obligada solo por ser su trabajo. En cambio Freddy, que estaba muy borracho, acariciaba a las chicas que podía desde que entró, le metía mano a cualquiera que cruzaba por su camino, sin importar que ya estuviera fichando con alguien más. El mozo, le pidió que no sea tan atrevido, porque alguno de sus acompañantes podría enojarse y no querían peleas en ese lugar. Me dirigí a la cabina, donde encontré a Armando, como siempre, con los audífonos en los oídos y cuadrando la siguiente canción, dio la vuelta y me saludo efusivamente. Le pedí que se dé un tiempito para acompañarnos a tomar unas chelas y me respondió que aun era muy temprano, que dentro de un rato más bajaría.

Cuando volví a nuestra mesa, Freddy ya estaba tratando de escabullir sus manos entre las piernas de su acompañante, era una chica de piernas largas, muy bien formadas, de piel canela, grandes tetas como le gustaba a él y un rostro bastante maquillado, era simpática, decía llamarse Camila, pero obviamente era solo su nombre de combate. Me acerque, saludé a Camila y me senté a tomar la cerveza que ya había pedido Freddy, hice un ademán para llamar al mozo, él ya me conocía de veces anteriores que había ido a ese lugar, o eso creía.

─Brother, puedes pasarle la voz a Luz ─le dije, algo palteado.
─Luz esta fichando en los privados y tal vez se demore, no quieres que te traiga a otra nena ─respondió, mostrándome el ramillete de chicas que se encontraban cerca de una estufa eléctrica, tratando de abrigarse del frío invernal de Lima, que de seguro sentían aun más con esas prendas diminutas y transparentes.
─No, no te preocupes, yo espero, pero avísale que estoy acá por favor ─dije, pensando que se acordaría de mi nombre, porque la última vez que visité ese lugar terminamos tomando con Armando, él y otro mozo.
─Me dices tu nombre por favor ─preguntó muy formal.

Pensé que era un tipo extraño, quien chelea contigo un día y al otro te trata como un total extraño, no sabía si lo hacía porque se lo exigían en su trabajo, o porque no se acordaba de mí, no quise discutir el tema y solo le dije mi nombre y se retiró con dirección a la otra sala, los privados, lo llamaban así porque tenía poca iluminación y cuartos minúsculos separados con cortinas.

─Salud compadrito, por Camila que está para comérsela ─dijo Freddy, con una voz ronca, producto de las horas de tragos que hace rato habían hecho efecto en nosotros.

Levante mi vaso y brinde con ellos.

─No seas tímido, porque no invitas a una de esas nenas que están al frente ─dijo, mientras estiraba su mano derecha sobre los hombros de Camila, alargándolos hasta alcanzar sus senos que se traslucían.
─Si si, no te preocupes, ya mandé por una amiguita que siempre me hace compañía cada vez que vengo aquí.
─Tu siempre fichas con Luz, verdad ─preguntó Camila, echándose hacía adelante y con ello zafándose de las manos inquietas de Freddy.

Respondí afirmativamente, pero mientras trataba de argumentar el porque, me di cuanta que estaba botando la cerveza.

─No te pases pues Camila, estamos borrachos pero nos damos cuenta, nosotros venimos acá para conversar, pasarla bien, pero si vas a botar la cerveza, mejor pedimos que venga otra chica, ok ─le reclamé, severamente.
─No sorry, sorry, no fue mi intención, se me cayó mientras me agachaba ─se defendió.

Aceptamos sus disculpas, pero de seguro después de esa llamada de atención ya no volvería hacerlo. Seguimos tomando, yo seguía solo, Freddy no perdía el tiempo, metía las manos y la lengua donde podía, a veces bailaban y era más jodido para la chica, porque él se acercaba mucho a ella, la cogía del trasero con las dos manos y la levantaba, Camila solo gritaba y trataba de zafarse, pero era inútil, igualmente volvía a cogerla. Tomamos cuatro o cinco botellas de cerveza, cada una costaba 25 soles, y por cada botella a Camila le entregaba una ficha de 5 soles, era su comisión por cerveza consumida, a ella le convenía que yo no llame a nadie, porque si lo hacía, tenia que compartir la ficha con alguien más, eso significaba que solo le darían una comisión de 2.50 por cada botella. Ella estaba muy contenta de que yo siga esperando a Luz, se esmeraba para que ambos la pasemos bien, claro que yo no la tocaba ni besaba, pero hablaba conmigo, para que me sintiera cómodo y no aislado, era una joven astuta.

Justo cuando pensaba en pedir la compañía de otra chica, porque al parecer Luz estaba fichando con un tipo de mucho dinero, y no pensaba dejarla así nada más, Freddy regresaba del baño, le metió mano a una de las chicas, como toda la noche había hecho, que estaba fichando con un tipo cincuentón, un tipo alto, blanco, bastante arrugado, pero de porte atlético, vestía elegantemente, pero se notaba que ya estaba borracho, los ojos vidriosos, enrojecidos. Levantó la mano, la empuño y derribó a mi amigo de un solo golpe, todo esto en solo un par de segundos. De inmediato el personal de seguridad del lugar, antes de que Freddy se pudiera levantar ni entender siquiera que había pasado, se abalanzaron hacia mi amigo y el anciano que tenía al frente, y los condujeron a rastras hasta la puerta, no fue una invitación, fue más bien un expulsión violenta. En mi desesperación de terminar la chela ya pagada, llené mi vaso varias veces, tomé rápidamente, derramando por momentos el contenido por la comisura de los labios. Salí corriendo y encontré a Freddy insultando al los de seguridad, lo abracé y sin decirle nada lo conduje a la esquina de la cuadra.

─Que hacemos ahora ─me dijo, insinuando que quería seguirla.

Levantó la mano para detener un taxi, le dijo algo al taxista, y me pidió que suba, yo estaba muy borracho y todavía palteado por lo sucedido, pensé que íbamos a comprar algunos tragos e iríamos a mi depa, pero luego de algunos minutos, después de haber tomado la vía expresa, cosa que me parecía extraño porque para llegar a mi depa desde donde estábamos, era mejor tomar otra ruta, el taxi continuó su trayectoria, cuando creía que tomaría la Javier Prado ya estaba entrando por la avenida Iquitos hasta el parque Manco Cápac, para entonces ya me había dado cuenta de las intenciones de Freddy. El taxi nos dejó en la esquina de Iquitos con 28 de Julio, bajamos sin medir el peligro, definitivamente estábamos muy ebrios, no caminábamos en línea recta, zigzagueábamos, buscando a la primera chica fácil que quisiera acompañarnos. Eran aproximadamente 5:30 de la mañana, todavía estaba oscuro, pero no faltaba mucho para notar los primeros rayos del sol. Imagino que las chicas trabajan hasta cierta hora o todas habían encontrado clientes, porque caminaba detrás de Freddy que buscaba impetuosamente por las cuadras aledañas al cruce donde nos dejó el taxi y no encontramos una sola chica. Por fin, exhausto, pero sin intención de rendirse, Freddy cogió otro taxi, esta vez le pidió que nos lleve a la cuadra 21 o 22 de la avenida Arequipa, a la altura de Risso.

─Ahí si encontramos a una putita rica ─me dijo─. Chochera, cierto que encontramos putas a esta hora por la Arequipa ─preguntó al taxista.

El taxista era un tipo mayor, de aproximadamente 60 años, canoso, trigueño, estaba visiblemente somnoliento, y se notaba que respondía afirmativamente solo para no perder la carrera.

─Mi amor cuanto cobras ─le dijo, a la primera putita que encontramos a la altura del Banco Continental de Risso.
─Para un cuero como tu, treinta soles papi ─respondió, con una voz fingida, tratando de agudizarla.

Realmente parecía una chica, por los senos, el trasero, pero no!, era un transexual, que empezó a mostrar sus falsos seños, pero muy bonitos.

─Fuera cabro de mierda, vete a la conchetumare y que te cache un burro ─gritó Freddy, enfurecido.

A mi me pareció muy gracioso, Freddy estaba tan desesperado y la primera que encontrábamos era él y no ella, me eché a reír a carcajadas, el taxista solo sonrió, pero se contuvo, para no burlarse.

─De que te ríes carajo ─me pregunto Freddy, muy molesto.

No contesté nada y solo dejé de reírme, pero no podía contenerme y se me escapó otra carcajada. Ya estaba amaneciendo. Freddy le pidió al taxista que nos deje en la Javier Prado. Cuando estábamos en el paradero, me dijo que no pensaba darse por vencido y que lo acompañe hasta Huachipa, que él conocía un hueco limpio, había decidido ir a un prostíbulo, tomamos la JV, porque un taxi hasta allá nos quería cobrar 30 soles y Freddy no quería pagar esa cantidad. Yo no sé en lo que pensaba exactamente, seguramente en el fondo, también quería encontrar una chica fácil para tirar y satisfacer esa necesidad animal que tenemos los hombres, a veces con mayor arrebato, cuando estamos alcoholizados, pero no quería admitirlo, solo seguía a mi amigo, como quién no quiere la cosa.

Luego de una hora y media llegamos al último paradero de la línea JV, nos habíamos quedado dormidos, el cobrador nos despertó, tomamos un mototaxi, llegamos al prostíbulo, pero para colmo de males, el lugar abría de 11 de la mañana hasta las dos o tres de la madrugada, dependiendo del público, mi reloj marcaba 8:40 de la mañana, ya se me estaba pasando la borrachera.

Le pedí a Freddy que nos fuéramos a descansar, pero Freddy no me hizo caso, continuó tocando insistentemente el portón rojo. Al rato apareció el vigilante del lugar, nos gritó que no había atención, que no insistiéramos. Al fin resignado desistió y subió al mototaxi que nos había llevado hasta ahí, le dije que nos llevara de vuelta a la avenida. Freddy se quedó mudo, no dijo una sola palabra más, parecía derrotado. Desde entonces, empecé a tomar las decisiones, llegamos a la avenida, tenía mucha hambre, vi que vendían desayuno en el restaurante de la esquina, lomo saltado, tallarines rojos, café, entre otras cosas, entramos, pedí dos desayunos. Cuando terminamos, Freddy al fin decidió hablar.

─Ya estoy casi sano carajo, me da una bronca, nunca me había pasado esto ─dijo, como tratando de excusarse por el comportamiento excéntrico que había tenido.
─No te preocupes hombre, a cualquiera le pasa, solo que a ti no se te abrieron las puertas ─me atreví a bromear.

Terminamos de desayunar, me sentía mucho mejor y más sobrio.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

amigo, te pasaste que buena,, pucha como que esa historia no nos es rara ,,, siempre pasa lo mismo a veces con mayor o menor suerte,, aunque cuando vi el titulo de buscando amor,, mm,, me sono raro, pero leyendo lo entendi,, pero tio no era buscando amor creo,,

Jessi dijo...

Jajaja, me gusto y mucho! Mi mentecita pudo volar y volar. Pero hubieron dos partes k me gustaron mas k todas y una frase k me parecio la mejor. Akello de k esperabas por Luz, no sabes la sinapsis k me provocó, jajajaja, y luego, cuando empezaste a servirte como loco la cerveza ya pagada, jajaja, podia verte sirviendote la cerveza y bebertela de un solo sorbo, jajaja, k cuadro de veras, de lo peorrrrrrrrrrrr, jajaja. Ah y la frase: Desde entonces, empecé a tomar las decisiones.
Muy buena entrada, amena, te mantiene pegado hasta el final.