sábado, 20 de octubre de 2007

Mamá.tevi

De vuelta a mi depa, la noche empezaba a caer, me sentía fatal, el cargo de conciencia mellaba mi alma, ni siquiera me había dado una ducha y eso agravaba la situación, ya no sabía lo que quería, si llamarla, conversar con ella o simplemente dejar las cosas como estaban, total ya faltaban solo horas para largarme de esa puta ciudad. Empezaría nuevamente a trabajar y olvidaría lo ocurrido la noche anterior, aunque eso de olvidar es solo un decir, porque esas cosas nunca se olvidan, pero el tiempo se encargaría de hacer que lo sucedido solo lo recordara como un anécdota más, como muchas otras veces.

Subí a mi departamento, muy lentamente, encontré a una vecina en el cuarto piso, una señora a quien siempre me esmeraba en saludar porque creía que era diferente a las demás, en aquel edificio, pero esta vez, ni siquiera levanté la mirada, seguí mi camino hasta el siguiente piso, abrí la puerta, cerré muy despacio luego de entrar, me despojé de la ropa que aun olía a cigarros, me quedé totalmente desnudo, me miré al espejo y vi una cara demacrada, tenía los ojos hinchados y rojos producto de los excesos y de las más de treinta horas sin quitarme los lentes de contacto, las expresiones del rostro más marcadas que de costumbre, los ralos bigotes y la barba sin afeitar oscurecía aun más mi rostro trigueño y los cabellos algo grasientos y desordenados. Vi un rostro que creí por un momento no era el mío, ese no podía ser yo, siempre me imaginé bueno, buen hijo, buen hermano, buen amigo, el que tenía al frente se veía malo, envejecido, triste, solo, hundido y humillado y maldije el momento en que cambió mi vida, aunque nunca supe con exactitud en que momento había ocurrido todo eso. Cerré los ojos y juro que pude ver una imagen muy tierna, era mi madre sentada sobre un banco sosteniendo en sus brazos un bebé, ese era yo, mi madre se veía muy joven como en las fotos que ella me mostraba cuando aun vivía, fotos de sus años de vida universitaria, tenía el cabello negro, muy lacio, hermoso, caía sobre sus hombros, llevaba puesto un atuendo difícil de describir, parecía sacado de aquellos retratos bíblicos, blanco muy blanco que resplandecía. No podía distinguir el rostro del niño, sabía que era yo pero no podía verlo, ella se movía cadenciosamente, seguramente con el afán de arrullarme para hacerme dormir. Quise permanecer con los ojos cerrados, lo que veía era algo magnánimo, ese tipo de visiones solo las tenía en sueños, era la primera vez que soñaba despierto, imagino que fue una imagen que llegó a rescatarme de aquel abatimiento, rescatarme como solo sabía hacerlo mi madre en vida, con frases dulces y alentadoras, que hacían parecer cualquier problema como algo tan sencillo que terminaba riéndome de aquello que me compungía. Pero algo me impidió seguir acurrucándome en los brazos de mamá, algo me devolvió a la realidad, con los ojos bien abiertos, pero ya no sentía tal tristeza que me deprimía trágicamente antes de cerrarlos. Dicen que en los peores momentos, el hombre siempre recuerda a su madre, no importa la edad que tenga, y eso parecía ser muy recurrente en mi caso. Entré a la ducha, el agua estaba fría, pero esta vez agradecí que fuera de ese modo, era lo que mi cuerpo necesitaba, mi mente, mi alma, me paré algunos minutos bajo los hilos de agua fría, de mi cuerpo se desprendía un vapor que extrañamente me devolvía la calma.

Cuando aun seguía mi terapia de “purificación” en la ducha, me sobrevino otra vez una rara sensación de preocupación por ella, terminé de ducharme, me mude de ropa y de inmediato marque nuevamente su número. Esta vez me contestó alguien que no era ella, era una voz más grave, como de una mujer mayor, me invadió el pánico pero no corté.

3 comentarios:

Pilar dijo...

antes de leer esta historia pence cosas como y ahora q dirá,como q estaba algo asustada pensando q alguna barbaridad ibas a contar como q esperaba otra cosa y felismente no fue lo q pence jajaj.
esta historia me gusta creo q refleja algo de tu personalidad, la cual no quieres mostrar ¿por que?, no lo se, pero con esto dices mucho.

Anónimo dijo...

que maravillosa historia son cosas que muchas veces nos pasan en sueños o pezadillas ,,,,no asustan y la vez nos entriztecen ,,se como eres medio loquito pero maravilloso e que bueno que seamos amigos ,,,hoy fuiste una estrella que llegaste a mi para guiarme en leer algo hace meses que no lo hacia e jejej empece a leer la vaca y aún no la acabo jejejje estas historias estan maravillosas te insisto ya deben entrar al mercado ..besos byeyee .disfruta de la comida de nuestra ciudad y continúa inspirandote en la lectura ...en estos días de parrandad y de muchas tensiones ya debes tener una más jjajaja con tus chocheras de todos los dias jejeje besos beyyee

Anónimo dijo...

Me agrada, pues deja a la curiosidad imaginar que podia ser eso tan fatal para el personaje, que podia haber pasado para encontrarse en ese estado.
Parece ser que aca das a conocer más tu verdadero yo; al escribir se suele expresar algo de nuestro interior a veces disfrazado, y en otras al descubierto, aca irradias ternura, conciencia. Se dice que en los peores momentos uno reluce su verdadera personalidad, se que que es un personaje, pero también hay algo de quien lo escribe, su escencia.