jueves, 6 de diciembre de 2007

Gonzalo.4primerospasos

Uno. La noche era fría, obvio, era la peor temporada del invierno. Sus padres, con la angustia y nerviosismo, propios de ese momento, tomaban la movilidad con dirección al hospital estatal más cercano. Las lunas del auto, estaban totalmente empañadas por la neblina, la llave no cabía en la ranura, el coche no arrancaba. Las contracciones se hacían más constantes, el dolor privaba a su madre. Por fin, el auto corría, ella gritaba y un temblor hacía parecer que algo andaba mal con las llantas, se detuvo, se dio con la sorpresa que todos los vehículos detrás del suyo también se detenían, era algo serio, la angustia crecía, ella gritaba que Gonzalo ya venía, él maldecía. En los próximos segundos, todo empeoró, el tráfico en general se hacía un caos, los dolores pre-alumbramiento hacían gritar a mamá, el desorden en las avenidas de la ciudad y un padre aturdido completaban el cuadro. No era la primera vez, es más, habían pasado por la misma experiencia ya dos veces; sin embargo parecían completos novatos. Al fin todo acabó, marcharon con más calma al Hospital, al primer palmazo en el trasero, Gonzalo empezó su estancia en este miserable planeta, fuera de ese vientre que lo había cobijado durante nueve meses.

Dos. Apenas cumplió dos años, su infancia dio un giro, el que millones de niños deben soportar por la inmadurez e irresponsabilidad de sus padres, habían decidido separarse. Este pequeñín, como solía llamarlo su padre, aún no comprendía lo que eso significaba, no obstante, marco su vida para siempre. Su madre tenía que trabajar como muchos docentes mal pagados en este país, más en la década de los ochentas, sus hermanos mayores ya iban a los primeros años de escuela. Gonzalito, debía quedarse en casa en una habitación a solas, porque seguramente no había dinero para pagar una niñera, o simplemente porque pensaron que daba lo mismo. Tenía que quedarse husmeando algunos libros con pocas figuras, que su madre dejaba para que se entretenga, además de algunos escasos juguetes ajados. Las horas pasaban y el pequeñín no entendía porqué debía ser así, se angustiaba, lloraba, se privaba después de tanto gemir. Luego de algunas horas despertaba y aun no llegaban sus hermanos ni madre. Así transcurrieron muchos meses, el dolor en su corazón se hacía imperante, tatuaría esa imagen en su cerebro, aquel niño nunca lo olvidaría y quizá jamás lo perdonaría. Cuando ya podía hablar, luego de despertar de aquel sueño, se asomaba a la ventana y preguntaba a la gente que transitaba, si habían visto a su madre, a lo q todos respondían ─NO, quien es tu mami, ¿estás bien?─, algunos hasta se atrevían a querer jugar con él, para hacerle compañía.

Tres. Años más tarde, cuando faltaban solo algunos meses para empezar la escuela, su padre que solía visitarlos a razón de dos veces por año, decidió llegar muy ebrio a su casa. Gonzalo, no lo conocía muy bien, pero en el fondo de su corazón albergaba un gran cariño por ese hombre que le parecía grande, fuerte y muy amable, que llegaba con regalos cada vez que los visitaba, pero esa vez, había algo extraño en este hombre que le causaba rechazo, el pequeñín no terminaba de darse cuenta, pero el alcohol hacía que su padre se comporte más efusivamente, lo abrazaba fuerte, al igual que a sus otros dos hermanos mayores y siempre repetía ─!Yo tengo tres hijos: Viviana, Matías y Gonzalo, el pequeñín, no más, ¿cierto Mercedes?─, preguntaba a su ex esposa, quien solo respondía afirmativamente moviendo la cabeza. La inseguridad de aquel hombre, del cariño de sus hijos, hacía que les pida repetir su nombre, varias veces, a cada uno de ellos. La noche llegó, cómplice del final, de aquel raro episodio, Gonzalo se durmió, sus hermanos condujeron a su padre a su antigua habitación y su madre durmió con los niños, quizá porque albergaba algún temor.

Cuatro. El pequeñín, acababa de cumplir los 15 y aun no terminaba el colegio. A esa edad creemos que podemos adueñarnos del mundo y sobrevivir solos, así también lo pensó él, sobretodo porque tenía el hogar partido por la mitad. Con una madre que se esmeraba en dar lo mejor de si, y que a pesar de ello, no bastaba, y un padre que se marchaba al primer vestigio de problemas en la casa diciendo: ─ya verás como arreglas los problemas DE TUS HIJOS, yo me voy─. El padre de Gonzalo, a pesar de su separación física, mas no legal, de su madre, empezó a frecuentarlos más; aproximadamente desde que cumplió 9 años lo veía casi todos los días, revisaba sus tareas, lo sermoneaba cuantas veces podía, siempre en nombre del deber y la responsabilidad, pero también en ocasiones, le daba algunas propinas exorbitantes y generalmente en fechas importantes, situación que la madre de Gonzalo no veía con buenos ojos. Aparentemente todo estaba encaminado, enrumbado, pero, era previsible que el dolor y resentimiento hacia sus padres iba creciendo. Decidió marcharse, vivir bajo un puente, como en la canción de Nirvana, y el final de Gonzalo es justamente el que narra esa canción.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

no es que quiera quedar bien, pero te felicito, escribes muy bien; no sé si sea la persona inidcada para opinar, pero el hecho de entender la historia y no aburrirme o causar algun sentimiento (enternecer, conmover, etc) hace q sea una buena historia.

Anónimo dijo...

La historia esta linda,vastante real,comparado con la situación que viven varias familias en el Perú.con detalles que hacen interesante y que permite que vuele la imaginación del lector. Los terminos son sencillos; muestra la historia ternura pero quisas con un ligero resentimiento con el mundo.(por:miserable planeta?)por las cosas que toca vivir y que no deberían suceder.
En conclusión me parecio buena la historia.
Y estoy segura que ese talento que tienes se seguira cultivando con muchos exitos.

Anónimo dijo...

No soy quien para opinar sobre fondo y forma, pero si te puedo decir que me agrado la historia. Felicito tu trabajo y me parece interesante y creo que has querido transmitir sobre las etapas más importantes y conflictivas en la vida de una persona en la que definen su carácter y personalidad.
Felicidades y es admirable lo que haces, sigue con el mis ímpetu, fuerza y optimismo…

“Haz sólo lo que amas y serás feliz, y el que hace lo que ama, está benditamente condenado al éxito, que llegará cuando deba llegar, porque lo que debe ser será, y llegará naturalmente.”
Facundo Cabral

Pilar dijo...

Bonita historia, conmovedora, refleja el sentir de muchas personas que nos toco vivir experiencias desagradables, tan solo por el hecho de venir a este mundo y crecer dentro de un "hogar" des-organizado.
creando conflictos de personalidad y resentimiento asia los demas como si estos tubieran la culpa de la existencia de malos padres q no saben asumir su responsabilidad como debe de ser.
que se hace ps nada asi es la vida como dice el dicho unos nacen con estrella y otros nacemos estrellados jajaja.
solo nos toca vivir, y digo nos toca por q me siento identificada con la historia, en particular trato de recordar las cosas mas lindas q he vivido aun q se ma hace dificil por q generalmente se recuerda lo peor pero hago el esfuerzo y trato de sentirme bièn y eso no significa q uno ignore lo vivido es simplemente para contrarestar lo negativo y sentirse mejor con uno mismo y con lo que nos rodea, encontrarle el sentido a la vida q es tan linda q ella solo espera ser vivida a plenitud.

Anónimo dijo...

Esta narrativa me encanto, a mi poco entender mejoraste en todo, que decir del contenido es para llorar, triste lamentablemente real, en nuestro país y el mundo hay tantos Gonzalos con la misma historia e incluso peores, lo que hace al mundo miserable, como lo mencionas, es tan cierto estos sucesos marcan sus vidas, pues es bastante dificil remediar las huellas dejadas en la niñez, debemos tener conciencia de ello al encontrarnos con un gonzalo adulto, (a veces tienen demasiado resentimiento, que les impide ser felices) y ayudarlos para que esta cadena no siga, y que la herencia dejada por nuestros padres sea utilizada en beneficio y no en contra.

Otra historia en que se puede traslucir tu alma.