jueves, 11 de junio de 2009

Mimi.ennombredelamor

Mimi tiene solo 17 años y hace más de 10 meses sabe lo duro que es vivir en la calle. Son las 4 de la madrugada y camina como siempre al compás del viento húmedo de lima, esperando al último cliente de la noche. Un auto se detiene, desde dentro y sin terminar de bajar las lunas polarizadas dos adolescentes exaltados le proponen terminar la jornada.

─Nunca salgo con dos ─argumentó Mimi.

─Si sales con uno de 50 porqué no con dos de 16 ─replicó el que estaba al volante.

Definitivamente ella no esperaba esa respuesta y se quedó pensando. Como era previsible, los chicos se dieron cuenta que habían ganado terreno.

─Vamos sube, solo queremos que nos acompañes a tomar unas chelas en el coche ─insistió el copiloto.

─Porqué no ─Mimi creyó haberlo dicho, pero solo lo pensó y se introdujo en el BMW del año del padre de alguno de ellos. Le ofrecieron de inmediato una lata de cerveza fría que al principio dudó en aceptar, pero luego de ver una fotografía familiar colgado en el espejo retrovisor del auto, se sintió más confiada y aceptó.

Andrés puso en marcha el vehículo y se enrumbó por la avenida Arequipa hacia la Costa Verde. Mimi, por su parte, se sentía contenta de que sean jóvenes como ella, tenía la ilusión de pasar un agradable fin de jornada y hasta pensó en no cobrarles si se portaban bien. Nada hacía presagiar que Manolo llevaba una Magnum calibre 44 debajo de la camisa, que horas antes había robado a su padre, un general de la FAP enormemente condecorado.

Se estacionaron frente al mar, en una playa miraflorina, desierta a esa hora. Menos mal todavía quedaban algunas latas de cerveza para hacer más agradable la cháchara. Sin embargo, Manolo, no quería conversar mucho y se movió rápidamente al asiento posterior. Apenas estuvo cerca de Mimi le apuntó con el arma y le ordenó que se ponga de rodillas, ella totalmente aturdida por el miedo, a pesar que no era la primera vez que tenía frente a su rostro un arma o quizá justamente por eso, obedeció de inmediato.

─Qué prefieres, un tiro entre los ojos o en el corazón, muere la razón o el amor, qué dices ─preguntó Manolo, totalmente desquiciado.

─!No, porfavor no! guarda esa cosa ─suplicó Mimi, totalmente arrepentida de haber aceptado la invitación de ese par de mocosos y no pudo evitar que se le escaparon algunas lágrimas.

─Es sólo un juego preciosa, no llores ─dijo Andrés tratando de calmarla.

─Así es, es sólo un juego ─continuó Manolo─, un juego en el que tú mueres.

─Ya basta Manolo déjate de wevadas guarda el arma ─intervino Andrés al ver que las cosas se salían de proporciones.

─Te lo suplico amigo piensa en tu hermana, en tu madre, en Dios, ya basta, me estás asustando demasiado, haré todo lo que me pidan, lo que sea pero guarda esa cosa ¡porfavor!.

Manolo adoptó una sonrisa torcida y rechinando los dientes, producto de las largas líneas de cocaína aspiradas, bajó el arma pero solo para subirla nuevamente y empuñarla mejor, la posicionó justo a la altura del corazón de Mimi y sin más reparos ni remordimientos disparó, se escuchó un estallido ensordecedor, del otro lado aquella niña de diecisiete con el pecho destrozado viviendo sus últimos instantes pero sin un atisbo de dolor, Andrés perplejo con esa visión aterradora e irreparable, Manolo en cambio se echo a reír y gritó infame ─¡EN NOMBRE DEL AMORRR!.


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